Llegamos juntos

Lulú Petite
24/10/2019 - 10:27

Querido diario: Como casi todos los días, me levanté temprano, me duché y me puse un vestido. Lencería a juego, con ligueros, zapatillas de tacón y mi cabello recogido. Es uno de mis uniformes para cuando salga trabajo, no andar a las carreras. Es sexy, pero no muy putón. Digamos que no lo suficientemente revelador como para que te den ganas de hacerme el amor salvajemente, pero lo bastante prudente como para que no se me note el oficio y me pregunten por la calle cuánto cobro. 

Venía por Reforma cuando me llamó Gabriel. Me gusta atenderlo. Es un cliente divertido y cariñoso. Es, además, muy cachondo. Me tendió la mano cuando entré en su habitación, me jaló suavemente hacia su cuerpo y me dio un beso en los labios. Besa rico, siempre con sabor a menta y cachondez. Un beso nunca es cosa sólo de labios, quien sabe besar, sabe que se besa con todo el cuerpo, la cercanía, la inclinación, pero sobre todo el movimiento de las manos puede convertir un beso en toda una experiencia. 

Gabriel lo sabe, y mientras me come la boca, sus manos van acariciando mi cuerpo, apretando mi cintura, jalándome hacia su pelvis, bebiendo mi beso. 

Por encima del pantalón acaricié su bulto, pero él en un par de chasquidos desabrochó su cinturón, se sacó el miembro y lo puso en mi mano. Yo cerré los dedos alrededor de aquella cosa tibia y palpitante, dura, larga, divina y comencé a jalarla despacio, luego bajé para dedicar mi boca a otra parte de su cuerpo.

Me arrodillé, con un condón entre los dedos, abrí el empaque y se lo puse con la boca, mientras Gabriel me hizo a un lado el cabello, para ver como su miembro desaparecía entre mis labios, comiéndomelo. El empezó a moverse de adelante hacia atrás con buen ritmo, cogiéndome la cara, metiendo en mi boca su falo enorme y venoso.

Qué rica la tiene. Me entretengo lamiendo su cabecita, con chupadas largas y profundas, me voy metiendo el tallo de su miembro hasta el fondo. Siento en mi boca como crece y se pone más duro, volteo la mirada hacia arriba y veo sus pupilas, clavadas en las mías, con un tremendo morbo. Le gusta verme comer su pieza. Me calienta ver su carita de placer. El goce de ambos no puede ocultarse. 

Luego nos recostamos y comenzamos a besarnos. Yo lo masturbo y él lleva sus labios a mis senos, me los come. 

Su miembro, gordo y venoso, sigue en mi mano, estamos lado a lado, de frente, pegados, besándonos, entonces lo jalo un poco y lo pongo en la entrada de mi vulva, él se mueve y de un golpe me la mete toda. Yo gimo y comienzo a sentir su movimiento, el orgasmo está por venir, se junta en mi pubis y explota llenándome de placer. Él sigue moviéndose mientras yo me vengo y, antes de que mi orgasmo termine, él se clava a fondo y me premia llenando el condón con su leche. 

Hasta el martes, Lulú Petite

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