Le rogué por más

Le rogué por más
Todo lo que sabía era que este extraño que me había contratado para atenderlo de manera candente en una habitación de motel me estaba provocando un placer tremendo
Lulú Petite
13/02/2020 - 10:08

Querido diario:  Todo lo que quería era que me siguiera cogiendo con sus largos dedos. Nada me importó, más que su constante caricia en mi sexo con sus manos. Se detuvo por un momento, haciendo que me retorciera debajo de él. 

Una pequeña risa escapó de su boca cuando restregué mi entrepierna contra su mano inmóvil, exigiendo que no parara con lo que había comenzado, sin embargo, sacó la mano, me puso boca arriba y comenzó a desnudarme. 

Sabía que le gustaba lo que estaba mirando porque sus ojos se abrieron redondos como platos, tan pronto como vio mis senos. No necesitaba invitarlo a entrar. Simplemente separó los dos montículos y enterró la cabeza entre ellos. Su lengua encontró mi pezón izquierdo mientras su dedo regresó a su trabajo maravilloso entre mis piernas. Ahora me faltaba el aliento. Demonios, ya ni siquiera podía pensar con claridad. 

Todo lo que sabía era que este extraño que me había contratado para atenderlo de manera candente en una habitación de motel me estaba provocando un placer tremendo.

—Ven aquí, bebé. Ven a chupármela— me dijo después.

Le puse el condón de rodillas, él gimió cuando lo tomé en mi boca. Como no podía esperar a que me cogiera, me aseguré de que la mamada fuera rápida.

Él fue quien decidió tomarme. Me pidió que me quedara como estaba. En la cama, de rodillas, con el culo parado y la cabeza rozando las sábanas. En esa posición le ofrecía el sexo completamente expuesto. Me la metió rápido, pero sus empujes fueron lentos. Conocía todos los ritmos y tenía los ángulos correctos. Pronto, me tenía gritando, rogándole que no parara. Sentí que mi cuerpo temblaba, cuando me abrazó desde atrás y comenzó a manipular suavemente mi clítoris mientras me la metía. Su empuje aumentó y su otra mano se cerró sobre mi boca, ya nada más importaba. Solo quería sentirlo.

Cuando levantó más la cadera, sentí que me abría más. Los empujes eran ahora más largos y profundos. Mis pechos hormiguearon cuando el clímax me inundó. Grité y él no dejó de cogerme hasta que lo sentí tensarse y derramarse. Una delicia. Hasta el martes, Lulú Petite

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