Le olía delicioso aquellito y no dudé en hacerlo mío

Le olía delicioso aquellito y no dudé en hacerlo mío
Repleta de venas palpitantes, dura a temple de acero, se abría camino en mis entrañas para hacerme explotar de placer. Hay días en que me encanta mi trabajo
Lulú Petite
06/10/2020 - 12:44

Querido diario: Su miembro era una cosa formidable. Repleto de venas palpitantes, duro a temple de acero. Se paraba derechito, pero al final hacía una ligera curva en forma de gancho, que parecía diseñado por la naturaleza para hurgar allí, justo en ese lugar donde el placer hace nido.

Me lo puso en la cara. Aspiré hondo. Olía rico. Lo tomé con mi manita y comencé a masturbarlo. Me pareció tan buen pito, el que estaba por comerme.

Después lo vi a él a los ojos. Tenía una mirada lujuriosa, casi pornográfica ¿Sabes? Cuando estás de rodillas, frente a un hombre desnudo que está de pie, lo miras desde una perspectiva que no deja de ser erótica.

En primer plano, su miembro parado, goteando los primeros lagrimones de lubricación masculina. Después su abdomen, ombligo, el pecho fuerte, los bíceps, los  antebrazos. Sentí su mano en mi nuca, mientras vi el verdor de las venas en su cuello, tan parecido a las que palpitaban en su miembro que masturbaba. Volví a mirar sus ojos, endiablados de lujuria, deseo, de ganas de cogerme bien  duro.

Le puse un condón para comenzar a mamar. ¡Caramba! Sentirlo en mi garganta, mientras su enorme dedo acariciaba mi cara y retiraba el cabello de mi frente me puso tan caliente. Me dio la mano para ayudarme a levantarme y me llevó a la cama.

Miré al techo cuando caí de espaldas, cerré los ojos y sentí sus manos en mis pies, los puso en sus hombros y, sosteniendo mis tobillos, me penetró de un solo golpe. ¡Ah! Gemí. Aquella cosa formidable. Repleta de venas palpitantes, dura a temple de acero, se abría camino en mis entrañas para hacerme explotar de placer. Hay días en que me encanta mi trabajo.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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