Le huele riquísimo el "sable" a mi cliente

Le huele riquísimo el
Lulú Petite
25/06/2020 - 10:18

Querido diario: Conozco a Miguel desde hace mucho y me encanta verlo. Me recosté en su pecho desnudo, poblado de vello blanco. Huele delicioso. Es un hombre joven, pero cubierto de canas prematuras que dan a su cuerpo y cabellera un atractivo aspecto plateado. 

Cuando nos vemos, antes de hacer el amor, le gusta que nos recostemos desnudos, sólo a conversar. Él mira al techo y me habla de política, de historia, de viajes, de arte y, sobre todo, de cine. Sabe que me gusta. Mientras platicamos yo pongo mi oreja en su pecho y escucho su corazón mientras lo masturbo. 

Tiene un pene riquísimo. No es demasiado grande, ni chiquito y, además, siempre huele delicioso. Parece una tontería, pero habla muy bien de un hombre cuando cuida sus aromas, especialmente cuando los cuida hasta en esos detalles.

Cuando quiere terminar la conversación, simplemente estira la mano y me pasa un condón de los que ponemos en el tocador, me lo entrega y sin decir más yo entiendo lo que sigue. Se lo pongo con la boca y comienzo a chupar su sexo.

Generalmente, en ese momento él me acaricia la espalda y va bajando sus dedos hasta revolver un poco la humedad que ya comienza a fluir entre mis piernas. Es entonces momento de cogérmelo. Me subo en él y lo monto hasta que se viene. Nos bañamos y seguimos platicando.

Ayer, fue distinto. Nos recostamos, como siempre, desnudos y lo masturbé. Pero nunca me pasó el condón. Cuando ya estábamos cerca de que la hora terminara le pregunté si no íbamos a coger. —No. Hoy sólo quería volver a verte— Respondió sonriendo.

Es raro cuando un hombre así rompe sus rutinas. Prometimos volver a vernos ¿Será?

Hasta el martes, Lulú Petite

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