La tenía adentro

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Él comenzó a desnudarme. Quedé solo con la lencería, liguero y tacones. Él se desnudó, mientras yo me senté en la cama, con las piernas abiertas
Lulú Petite
22/10/2019 - 09:33

Querido diario: No entiendo por qué los españoles al pito le dicen polla. Hace rato atendí a un cliente español y bueno, siempre he tenido esa duda. 

Estaba guapo. Cabello castaño, piel blanca, ojos color miel, unos 40 años, barba de dos días y una bonita sonrisa. Era tímido, hasta antes de darme el primer beso. Entonces se puso muy cachondo.

—Vaya— me dijo —me estáis poniendo…—

—¿Cómo te pongo?— Pregunté. —Pues eso, cielo, cachondo, como loco— Respondió mientras metía sus manos entre mis muslos y me besaba el cuello. Yo reaccioné, agarrándole el bulto. Se le sentía ya dura y tremenda. Sus labios en mi cuello se sentían ricos y el tamaño de su miembro me provocó un espasmo en la entrepierna, comencé a lubricar.

Él comenzó a desnudarme. Quedé solo con la lencería, liguero y tacones. Él se desnudó, mientras yo me senté en la cama, con las piernas abiertas.

—Me has puesto la polla como una piedra. Abrí más las piernas y sólo sonreí, como retándolo.

—Joder— respondió —eres una calienta pollas. Mira cómo me tienes— Se bajó el bóxer y dejó libre un tremendo pito de unos 23 centímetros.

Entonces se arrodilló frente a mí me abrió las piernas y empezó a pasear sus dedos por el umbral de mi sexo, recogiendo en ellos mi humedad, luego se los llevó a la boca y los lamió. Metió su lengua bebiéndose mi miel, mientras con su mano libre apretaba mi teta con fuerza, presionando el pezón.

Siguió lamiéndome el clítoris, provocándome espasmos muy placenteros. De pronto, cuando más excitada estaba, se detuvo y se puso de pie.

—Mastúrbate mientras te veo. Me dijo y abrí bien las piernas, cerré los ojos y comencé a tocarme. No aguanté mucho. Estaba tan caliente, que en poco tiempo gemía un orgasmo. Cuando abrí los ojos, su pene ya apuntaba hacia mi cara.

—Ahora tú cómeme la polla— Me pidió desesperado.

Se sentó en la cama y fue mi turno de arrodillarme. Puse mis manos en sus piernas y comencé a comerme su enorme ¿Polla?, con movimientos de arriba hacia abajo, trataba de meterla toda en mi boca. Chupaba sin parar mientras él retiraba el pelo que me caía sobre la frente, para poder ver bien mi carita. Sentía cómo aquello se hinchaba más, entonces llenó el preservativo con un gran chorro de semen. Sonreí victoriosa.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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