El mesero fue testigo de nuestra lujuria

El mesero fue testigo de nuestra lujuria
Me la metiste toda de un golpe y comenzaste a moverte con furia. Yo gemía quedito, disfrutando cada una de tus estocadas salvajes
Lulú Petite
30/06/2020 - 11:12

Querido diario: Me volteé para que bajaras el cierre de mi vestido y tú me diste un beso en los hombros mientras desnudabas mi espalda. Metiste la mano por la ropa y rodeando mi torso apretaste uno de mis senos mientas tu lengua juguetona lamía mi nuca.

El vestido cayó al piso. Tu mano bajó por mi vientre y se metió a mi lencería, mientras me decías al oído, con la voz baja pero mucha lujuria en cada sílaba:

—No aguanto las ganas de cogerte—

Saqué un condón y te lo pasé. Lo abriste con urgencia y te lo pusiste mientras tu respiración en mi nuca provocaba un río entre mis piernas.

—Métemela— Te rogué quedito.

Hiciste a un lado el calzón, metiste tus dedos por mis nalgas y esparciste en mis labios la humedad que me inundaba, me levantaste un poco y yo me doblé hacia el frente. Mis tacones, levantaban un poco más mi cuerpo y exponían, pleno, mi sexo para ti.

Tú lo miraste y lo acariciaste una vez más mientras apuntabas allí herramienta. Apoyé mis manos en la pared fría y me abandoné a ti, para que hicieras lo que quisieras.

Me la metiste toda de un golpe y comenzaste a moverte con furia. Yo gemía quedito, disfrutando cada una de tus estocadas salvajes.

Tu sexo, perfecto, delicioso, entraba y salía provocándome tremendo placer. Sentí el orgasmo dispararse como fuegos artificiales, reventando mis venas, mientras tu leche llenaba el látex en mis entrañas.

Salimos de ese baño y, allí afuera estaba un mesero que sólo se rió al vernos, con cierta complicidad. Es la ventaja de dejar buena propina. Salimos y nos fuimos, sin miedo a nada. Qué tiempos aquellos.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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