Disfruto a todos, por Lulú Petite

Lulú Petite
22/08/2019 - 05:28

Querido diario: ¿Que si me gustan mis clientes? Sí. A veces. No es que me gusten-me gusten. Es más bien que me caliento facil y, si ando con ganas, correspondo a las caricias y sé dejarme llevar. Después de todo, éste es mi trabajo, igual podría hacerlo de mala gana y odiarlo o dejarme llevar por el momento y disfrutarlo. Elegí la segunda opción, así que si el cliente es amable, limpio y me trata bien, me dejo consentir y los dos disfrutemos.

Ayer, por ejemplo podía ver todo el deseo. En sus ojos, y en el bulto que crecía en su pantalón, claro. Era un hombre tímido y muy tierno. Me contó que hace mucho que quería darse ese gustito conmigo. Si ya había el hombre juntado su dinerito y se había armado del valor para llamarme ¿Quién era yo para no corresponderle? Te digo, además que se le notaba el deseo acumulado... me pone cachonda.

Sin más preámbulo, mientras nos seguíamos besando deliciosamente, le fui desabrochando el cinturón y abriéndole paso a mis manos para que incursionaran dentro de su trusa. Lo que sentí al meter mi mano. ¡ufff! Qué chulada de pene. Firme, derechito, no muy grande como para lastimar, pero lo suficiente como para disfrutarlo.

Ya mojada, me arrodillé ante él bajando toda la tela que recubría lo que yo me moría por probar. Le coloqué uno de nuestros amigos de látex y comencé a chuparlo.

Estaba disfrutando muchísimo de tenerlo en mi boca, pero ya me moría por sentirlo dentro de mí. Y claramente él lo quería también, porque me levantó y me hizo acostarme en la cama con apremio. En cuestión de segundos, sentí su deliciosa erección abriéndose paso entre mis piernas, hasta el fondo. Lo recibí dispuesta y entregada, abriendo aún más las piernas y moviendo mi pelvis hacia él, para que se introdujera aún más. ¿Era posible que entrara más? ¡Ya lo sentía tan adentro! 

Noté que a él lo invadió esa misma desesperación y lujuria que estaba sintiendo yo. ¡Queríamos más! Más fuerte, más profundo, más rápido. Sentía la fluida fricción de su miembro entre las paredes de mi sexo. Entraba y salía, entraba y salía. Cada vez más rápido, más fuerte y más profundo. Me enloquecía por completo.

Percibí que toda mi excitación, y todo ese deseo que él había acumulado, se estaban encaminando hacia el éxtasis. Tras unas cuantas embestidas más, el indescriptible placer que sentía se iba apoderando de todo mi cuerpo.

Sentí cómo los escalofríos comenzaban a recorrer mis piernas y mi vientre, y mis paredes alrededor de su miembro comenzaban a temblar haciéndome sentir el placer más divino del mundo. 

Tuve un orgasmo delicioso, mientras sentía como toda su lujuria se desbordaba en chorros blancos al interior del condón. Con los ojos cerrados, saboreando las sensaciones, pensé: ¿Cómo no me va a gustar un cliente así?

Hasta el jueves, Lulú Petite

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