De maravilla

Lulú Petite
29/10/2019 - 10:11

Querido diario: Conocí a Mario hace poco más de un año. Es un tipo grande con barba abundante. Ni un cabello en la tatema, pero el resto del cuerpo tapizado de pelambre. Su pecho parece una alfombra. Si algo he de reconocerle es que huele siempre delicioso.

Nos vimos hace una semana. Llegué al motel y la luz ya estaba apagada, Mario me explicó que tenía ganas de algo más romántico, a media luz, así que entre besos negociamos y dejamos encendida la luz del baño. Suficiente para que él tuviera su romance y yo viera lo que estaba haciendo.

Comenzamos a conversar. Acababa de cerrar un buen negocio y tenía en puerta otro.

—Si las cosas salen bien— me dijo —volvemos a vernos la semana que entra.

—Pues entonces, espero que salgan de maravilla— Le respondí coqueta.

—Si salen de maravilla, no sólo te veo, tendré que financiarle a mi cliente una cita contigo ¿Se puede eso?— Me preguntó.

—Se podría, quizá. Pero un paso a la vez. Primero esperemos a que todo salga de maravilla, y me llamas ¿Va?—

No respondió. Su boca estaba a unos milímetros de la mía, así que me besó apasionadamente y comenzó a desnudarme. Mientras volaba nuestra ropa, nos mudamos a la cama. Él se sentó a la orilla y yo me senté encima de él, subió sus manos de mis nalgas a mi espalda y, con un chasquido, me desabrochó el sostén. Él se llevó uno de mis pezones a la boca y comenzó a mamarlo con fuerza. Yo tomé una de sus manos, y la metí por la parte delantera de mi tanga. Sentí sus dedos recoger mi humedad, entonces se los llevó a la boca y me dio un beso.

Cuando estábamos completamente desnudos, se acostó boca arriba, al centro de la cama, deteniendo con su puño una potente erección, grande, gruesa, venosa. Sonreí lamiéndome los labios y comencé a chupársela, pero cuando me senté en ella, entre mis piernas se fue perdiendo centímetro a centímetro el mástil de su erección, devorada por mi sexo, yo gemía. Cabalgué con entusiasmo, hasta que se vino.

Nos despedimos y le desee todo el éxito en sus negocios. Eso fue hace una semana. Hoy llamó. —¿Recuerdas el negocio que te platiqué?— Preguntó.

—¡Claro!— Le respondí contenta —¿Cómo te fue?

—De maravilla, como dijiste. Así que tendré que pagarle a mi cliente una cita contigo.

¡Ups! No me la esperaba. Pero de eso, te cuento el jueves.

Hasta entonces, Lulú Petite

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