Canoso y todo, pero qué rico me hizo "el delicioso"

Canoso y todo, pero que rico me hizo
La corrió hasta la parte baja de mi espalda y metió sus manos para acariciar mis nalgas
Lulú Petite
24/11/2020 - 16:27

Querido diario: Una de las características de este negocio es que vas a ciegas. 

Me llama un hombre y, a menos que ya lo haya atendido, todo es incertidumbre. No sé cómo es quien me espera al otro lado de la puerta.

Con WhastApp, las cosas cambian. Cuando me pongo de acuerdo con un cliente por WhatsApp, en muchas ocasiones la foto de perfil ayuda. Joaquín era en persona más guapo que en su Whats. Una barba blanca tipo Freud, perfectamente recortada, cabello gris, peinado hacia atrás. No es muy alto, pero tampoco bajito y su cuerpo sorprendentemente macizo para estar entre las seis y las siete décadas.

Me invitó a pasar con la solemnidad libidinosa de un caballero acostumbrado a pagar por compañía. Un zorro plateado. Macho alfa, hombre de recursos y de costumbres libertinas. Me comía con sus diminutos ojos azules, coronados por arrugas que lo hacían más interesante. Sonreí. 

Él se acercó y, tomándome por la cintura, me besó la mejilla, mientras sus dedos recorrían mi espalda y jalaba, como un paso de hormiguitas, la cremallera de mi vestido. 

La corrió hasta la parte baja de mi espalda y metió sus manos para acariciar mis nalgas.

Sus besos, mientras tanto, ya bajaban por mi cuello, mis hombros, mi clavícula. El ímpetu de su boca y mi cremallera vencida y ultrajada, hicieron que mi vestido cayera. Yo eché la cabeza para atrás. Él me besó el cuello, como murciélago de Transilvania y apretó con una mano mi seno para botarlo del sostén, comió de mis pezones, mientras metía mano entre mis piernas. Cuando me las abrió y metió su miembro caliente, duro, palpitante, yo cerré los ojos y me dejé hacer. Qué cogida tan deliciosa me puso.

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Hasta el jueves, Lulú Petite

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