¡Bien profundo!

Lulú Petite sexo sexualidad
"Terminé en cuatro desde atrás, sosteniendo su erección para metérmela hasta la garganta”
Lulú Petite
26/02/2019 - 05:18

Querido diario: Me trepé a la cama en ropa interior, riendo como una niña con un caramelo nuevo. Gerardo se quedó sentado al borde de la cama y yo me le acerqué por la espalda para cubrirle de besos una buena porción de la cara, desde el pómulo hasta la línea de la mandíbula. Él prácticamente ronroneó en respuesta a mis arrumacos. Yo sonreí enseñando los dientes, encantada con la manera en la que relajó el cuerpo ante mi contacto.

Mis manos se le fueron al pecho, y se dieron a la tarea de desabrocharle la camisa hasta que ya no hubo más botones de los cuales encargarse. Gerardo rotó los hombros para ayudarme a sacársela con facilidad, y la prenda quedó olvidada en el suelo junto a mi ropa. Ahora nos besábamos despacio. Mis dedos le recorrían la piel desnuda del pecho, buscando bajarle  por el abdomen, en persecución de lo que más me interesaba.

Y lo encontré debajo de su ropa interior. Me bastó meter una mano en sus calzoncillos para liberar el grueso tronco de su erección, que surgió a la vista para instalarse, imponente, contra su vientre. Él se encargó de jalarla lentamente mientras yo, arrodillada y emocionada, rompía el brillante empaque de un condón extra grande para ponérselo. Terminé acomodándome en cuatro desde atrás, sosteniendo su erección por la base para metérmela hondo hasta la garganta. Gerardo soltó una larga queja de placer.

Un escalofrío me subió por la espalda, pero el tajo apretado entre mis muslos lo que hacía era palpitar y mojarse, especialmente oyéndolo reaccionar como reaccionaba. Mi lengua trazaba remolinos de saliva alrededor de la punta de su miembro, pero luego mi rostro bajaba para enterrármelo hasta las amígdalas. El corazón me palpitaba fuerte. No podía yo expresar lo muchísimo que me encantaba darle una mamada.

Él estiró las piernas para clavar los talones en la alfombra, aspirando hondo cada vez que mi boca le traía otro corrientazo de placer. Mientras tanto, con una mano me desabrochó el sujetador, y mis tetas apretadas y calientes agradecieron el gesto. Me tocaba suspirar a mí por el repentino aire de libertad. Pero Gerardo tiró de mi hombro para alzarme, se me vino encima con las ganas tatuadas en el rostro. Yo retrocedí, contenta, pero él me atrapó por los tobillos y luego enredó sus dedos en los bordes de mi lencería. Me la bajó por las pantorrillas y ahí quedé completamente desnuda, mojadita y a su merced. Lo llamé con los brazos abiertos para que viniera a por mí.

Se trepó en la cama con la erección gruesa y lista, y después de abrirme los muslos de par en par se instaló allí. Pero antes de penetrarme, se metió de lleno en mi pecho para devorarse mis tetas a lamidas. Tuve que hundir los pies en la carne de sus piernas, con los dedos encogidos de placer, gimiendo mientras el movimiento de su boca me obligaba a arquearme. Le hundí las manos en el pelo, y me deleité en medio del delirio que me tenía empapada entre las piernas.

Me agarré a sus hombros con las uñas para aguantar la primera estocada, pero estaba tan húmeda que su erección se deslizó con una facilidad tremenda. El tamaño de su pieza me quemaba en las caderas, y como se movía bastó para hacerme olvidar hasta mi nombre. Mientras más profundo, mejor.

Hasta el jueves, Lulú Petite

TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

TUS COMENTARIOS