Bien mojadita

"Era increíble cómo sentía el efecto de su lengua quemándome en cada rincón del cuerpo”
Lulú Petite
30/04/2019 - 05:18

Querido diario: Llevaba un vestido sin tirantes. Son prácticos para el amor, especialmente en la situación en la que me encontraba en ese instante: arrodillada al borde de la cama, me esmeré en devorarme su boca.

Eché los hombros hacia atrás entre risas, retrocediendo. Los besos profundos se convirtieron en besos cortos, y viajaron de mi boca a mi barbilla, pasando por la línea de mi mandíbula. Igualmente, mi risa se transformó en un suspiro.

Ahora tenía las manos desabrochándole el cinturón. Él se encargó de romper con los dientes el paquete del preservativo mientras yo introducía mis dedos en su entrepierna. Su miembro me palpitó en la palma en cuanto lo saqué de esa prisión de tela innecesaria.

Retomamos el beso entonces, mientras mi mano trabajaba en frotarlo desde la base hasta la punta. A cada giro de su lengua contra la mía, mi sexo palpitaba furioso, casi tanto como su erección que crecía entre mis dedos. Me dejó con la respiración más que agitada al hacer una pausa justa para encargarnos del condón. 

Sus manos fueron a parar al apretado espacio entre mis tetas y el borde del escote de mi vestido. Sin más, me bajó la prenda hasta las costillas, provocando que mis pezones rebotaran su camino hacia la libertad. No me duró mucho la exposición al aire fresco del lugar: él se afanó en devorarse mis pechos con la lengua. Sujetó primero el derecho con la mano abierta, mientras succionaba el izquierdo con la boca, haciéndome estremecer. Era increíble cómo sentía el efecto de su lengua quemándome el cuerpo y, queriendo que permaneciera allí un rato más, le tomé por el pelo y gemí duro.

Adivinando lo que iba a hacer cuando se cogió el miembro por la base, separé los labios y entró a mi boca. Él me penetró con la punta, dejando escapar el aire entre los dientes mientras los músculos de su vientre se tensaban de placer. Yo me encargué de paladear muy bien cada centímetro de su carne, al tiempo que él se empujaba con las caderas adentro de mí, de adelante hacia atrás. Era exquisito.

Mi parte favorita, sin embargo, fue cuando se olvidó de mi boca un instante para adueñarse de mis muslos. No puedo decir que no me calentaba la idea de que me cogiera con el vestido puesto, ya que sabía que vendría una segunda ronda sin ropa de por medio. Por ahora, me retiré el exceso de saliva de la comisura de los labios mientras le permitía que me sacara la tanga. 

Nos vimos de cerquita entonces, sonriendo mientras nos reencontrábamos a punta de besos. Mi gemido fue a parar a su boca en cuanto le sentí penetrarme por primera vez, y mi espalda se arqueó de placer ante la presión tan rica que se instaló en mis caderas. Él se escondió para jadear en mi cuello y uno de mis brazos le rodeó los hombros, todo mientras nos mecíamos con fuerza sobre las sábanas. Gemí. Las estocadas de este hombre adentro de mí me tenían perdida en un éxtasis absoluto, al punto que me abrí de piernas todo lo posible, con las rodillas dobladas para recibirlo mejor. Qué caliente y mojada me encontraba, atrapada debajo de la magnitud de su cuerpo.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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