Amo a los hombres morenos, altos y correosos

Amo a los hombres morenos, altos y correosos
Traía el hombre unas ganas que se sentían. Había en la habitación una mezcla de belleza salvaje, olor a testosterona
Lulú Petite
22/10/2020 - 11:53

Querido diario:  Para no perder el equilibrio, me agarré de sus pantorrillas, las tenía fuertes y carnosas, y así, en cuclillas, me llevé su miembro a la boca. 

El olor de su pubis y el sabor a látex del condón se mezclaron en mi cabeza. Qué tipo tan cachondo.

¿Te he dicho que me gustan este tipo de machos? Es moreno, alto, pero no gigantesco, correoso y fuerte en cada uno de sus músculos. No de esos cuerpos esculpidos en el gimnasio, con horas de rutinas, kilos de proteínas y decenas de entrenadores, sino de esos cuerpos macizos mitad por genética, mitad por mantenerse activo.

Es soldado, me dijo. —Hace mucho que no cojo —agregó.

Traía el hombre unas ganas que se sentían. Había en la habitación una mezcla de belleza salvaje, olor a testosterona.

—Levántate —me ordenó con tono militar. No pude resistirme a obedecerle. Me ponía tan cachonda que me cogiera un tipo tan varonil. 

Me puse de perrito, a mitad de la cama. Él se colocó detrás de mí, de rodillas, puso sus dedos índice y medio en mi vulva, hinchada de deseo, y recogió mis jugos con cierta brusquedad, después se lamió los dedos para saborearme.

—Sabes rico —dijo en mi oído, mientras la punta de su fusil ya se abría paso entre mis nalgas. Lo sentí entrar a mi vagina de un tiro. Grité de placer y eché la cabeza hacia atrás.

—Hacía mucho que no cogía —me repitió agradecido y comenzó a moverse. No hubo un momento en que me diera tregua, después de poseerme de perrito, me dio la vuelta, puso mis pies sobre sus hombros. 

Me cogió también de misionero, de cucharita, boca abajo, me cargó, me movió, me hizo y me deshizo.

Cuando acabé, no sabía si me había cogido un soldado o toda la tropa.

Hasta el martes, Lulú Petite

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