TRES HISTORIAS

Doña Julia de 72 años busca la custodia de su nieto, tras morirse toda su familia de Covid

Doña Julia de 72 años busca la custodia de su nieto, tras morirse toda su familia de Covid

(Foto: Archivo, El Gráfico)

Historias 01/11/2021 11:11 Yara Silva Actualizada 12:53
 

Alexander perdió a su madre, abuelo y tío en sólo una semana. Su historia se asemeja a la de 146 mil 847 niños que quedaron huérfanos a causa del Covid-19.

Es Julia, su abuela, quien cuenta la historia del nieto de nueve años que en mayo de este año perdió a su mamá. Ella se llamaba Norma y era una madre soltera que en su familia encontró el apoyo que el padre del niño le negó.

Por eso, Alexander, su mamá, abuelos y tío, compartían la casa que el coronavirus invadió. Julia no sabe cómo entró a su casa. Sospecha que Francisco, su hijo, llevó la enfermedad cuando en la alcaldía Azcapotzalco le prohibieron guardar la cuarentena pese a ser diabético.

Él, encargado de tomar la temperatura y repartir gel antibacterial en la puerta de una Casa de Cultura, fue el primero en fallecer.

Era viernes cuando dos paramédicos anunciaban que el hombre de 44 años había muerto frente a la mirada de Alexander.

No hubo tiempo de guardar luto ni  explicación para que Alexander comprendiera lo que ocurría.

Y es que antes de que la alcaldía les regresara el cuerpo de su tío en cenizas, los síntomas de la Covid-19 golpeaban al resto la familia. Dos días después de la muerte de Francisco, el abuelo de Alexander murió en la misma casa. 

Ese mismo día, la madre del niño fue internada en el hospital del IMSS de Azcapotzalco en donde formó parte del 48 por ciento de jefes de familia que el INEGI ha contado del total de las muertes a consecuencia del virus.

Desde entonces, en la casa de Julia el silencio les recuerda que el niño ha quedado solo bajo el cuidado de su abuela.

Ella dice que aunque carga con la tristeza de haber perdido a su esposo y sus dos hijos, su nieto le motiva a llevar su nueva rutina como trabajadora en una fábrica de vidrio, con las mismas obligaciones que tuvo mientras sus hijos crecían.

El dinero no ha sido impedimento para que Alexander continúe en la escuela. La pensión que su esposo dejó, el sueldo que percibe y un seguro de vida por parte de la madre del niño, les ha ayudado a vivir.

Para Julia no hubo personal del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF Nacional) que se acercara a ofrecer ayuda. La mujer se enteró por sus vecinas de la beca Leona Vicario que el gobierno ofrece para niños huérfanos por Covid.

El pequeño tampoco tuvo atención psicológica hasta hace dos semanas. Fue en la escuela particular de Alexander en donde le ofrecieron terapia semanal para el niño. La baja en el rendimiento escolar, el enojo del niño con sus compañeros y el constante llorar, obligaron a sus maestras a recomendar el apoyo.

Julia dice que a sus 72 años descubrió que su cuerpo aún tiene la fuerza para proteger a su nieto. Ella utiliza ese ahínco para tratar de que el niño padezca lo menos posible la ausencia de su madre. 

Aún quedan pendientes que resolver. Uno de los problemas es obtener la custodia de su nieto para así, poder tramitar becas de estudiante que el niño necesitará.

No ha sido desidia sino los obstáculos que ha encontrado en los Juzgados Familiares para obtener la custodia.

Julia dice que las audiencias han sido aplazadas a causa de la pandemia pero la mujer no deja de insistir para en tener las custodia del niño porque no quiere que al faltar ella, Alexander quede en el abandono.

Otros casos de menores huérfanos por la pandemia de Covid

Dulce y su hija Andrea sienten ese abandono desde abril del año pasado cuando Antonio enfermó de Covid.

Antes de que la salud del padre de familia se agravara, su esposa buscó ayuda en hospitales de Chimalhuacán, Nezahualcóyotl, Iztapalapa y Tláhuac. 

No encontró auxilio hasta que el cuerpo azulado de Antonio obligó a los trabajadores del Hospital La Perla a recibir al hombre que murió horas después sentado en una silla del hospital.

La viuda dice que no sólo la muerte de su esposo las dejó en desamparo. Para Dulce, el gobierno también la abandonó por no lograr prevenir que la enfermedad llegara a matar a su esposo y a los más de 286 mil mexicanos.

Ella dice que los hospitales saturados, el retraso en la aplicación de la vacuna y la falta de pruebas en un principio de la pandemia, hicieron que Antonio muriera por la Covid.

Y reclama que tras el fallecimiento de Antonio, su hija quedó en el abandono por parte del gobierno.

Aunque admite que la niña cuenta con la beca Leona Vicario, dice que los 800 pesos que recibe al mes, no son suficientes para vivir ni una semana.

Por eso, la mujer dejó su rutina de ama de casa para tomar el trabajo de vendedora de hules que su esposo dejó.

Pero ese cambio de rutina después de que Antonio se sumara a los 86 mil 188 padres de familia muertos por Covid, mantiene a Andrea en el enojo y la apatía.

Ella no comprende porqué dos semanas después de la muerte de su papá, la abuela paterna les pidió que se mudaran de la casa que compartían y las obligara a mudarse a una vecindad de Chimalhuacán.

Tampoco entiende que no exista un familiar que la acompañe en su camino a la escuela, ni persona que la espere de regreso en casa.

Su reacción, cuenta la madre de la Andrea es recostarse todo el día sobre un colchón para mirar videos en su teléfono celular.

No acude a terapia psicológica porque los sitios que le recomendaron en el DIF del municipio, quedan a dos horas de camino de la vecindad donde viven.

En la misma situación vive Óscar. En unos meses cumplirá 18 años y dice que dejará de percibir los 800 pesos mensuales que utilizaba para pagar el transporte que lo llevaban a la escuela y a terapia.

Él es hijo único de una pareja separada desde hace 15 años. Su madre formó otra familia, mientras que Óscar quedó al cuidado de su padre.

Así vivió hasta el mes de febrero cuando el hombre de 40 años murió. Y es la imagen de su padre en agonía, lo que atormenta a Óscar.

Cuenta que no logra reponerse del impacto y la tristeza que le causó mirar a su papá mientras se ahogaba hasta morir. 

Una ventana lo separaba del hombre al que no pudo abrazar mientras agonizaba.
Óscar piensa que esa tristeza vivirá con él por siempre. Es, dice la depresión lo que le impidió terminar la preparatoria e integrarse en el núcleo familiar de su madre.

Por eso, él vive solo en la misma casa donde vivía con su papá y se mantiene con la ayuda económica de su madre. 

No se imagina cómo será su vida adulta pero sabe que la muerte de su padre le cambió el futuro.

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