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RELICARIO

La balacera durante un partido entre Santos y Monarcas que desató el pánico

Abrimos el baúl de los recuerdos: Un viaje por los ídolos que dominaron las pantallas y estadios, los rincones olvidados y las tecnologías que hoy parecen inconcebibles

Estadio Corona. Foto: IA
09/10/2026 |06:00
Pablo Jiménez
Redactor web en El Grafico Historiador en el periodismo, amante de la investigación, la historia, los libros y el Heavy metalVer perfil

El está lleno de anécdotas que han marcado al balompié mexicano; en su mayoría destacancomo la final entre el América y las Chivas de 1983, donde las águilas se alzaron con el triunfo sin un jugador menos.



Los momentos trágicos son muy pocos; en muchos casos corresponden a los fallecimientos de jugadores de manera inesperada. Uno muy recordado fue la muerte del jugador Christian Benítez en 2013. Son más recordados los incidentes violentos donde los aficionados han protagonizado riñas donde hay heridos.

Los incidentes violentos ajenos a la afición y los jugadores no han sido tan relevantes, salvo la balacera durante el partido entre Santos y Monarcas en el 2011 en el estadio Corona en Coahuila.

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El encuentro se llevó a cabo en el estadio Corona; era el torneo Apertura 2011. El partido fue el 20 de agosto del 2011; se enfrentaban Santos y Monarcas del Morelia. El juego empezó con normalidad; se acercaba el medio tiempo, ambas escuadras no habían anotado ni un gol.

A los cinco minutos previos del medio tiempo, los jugadores comienzan a correr a los vestidores e incluso se oyen sonidos de balas, lo que desata el terror entre las escuadras y la afición.

Durante un tiempo, los balazos continúan, por lo que la gente saltó a la cancha o en las gradas intentaba refugiarse para evitar ser víctimas del fuego cruzado. De acuerdo con las investigaciones, se trató de un enfrentamiento entre policías municipales y un grupo de hombres armados durante un retén a las afueras del estadio Corona.

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Entre el miedo y la incertidumbre, algunos jugadores intentaban proteger a sus familias, aunque también otros aficionados no mostraron pánico; lo veían como un suceso extraordinario. Después de que se calmó el ambiente, el presidente del equipo lagunero, Alejandro Irarragorri, en compañía del portero Oswaldo Sánchez, anunció la decisión de suspender el partido.

Informaron que durante la balacera nadie en el estadio resultó herido; en el enfrentamiento, un policía municipal tuvo una lesión en la mano, pero no fue de gravedad, por lo que no se requirió hospitalización. El partido se pudo realizar hasta noviembre del mismo año, donde la escuadra del Morelia se alzó con el triunfo.

Sin duda, se trató de uno de los incidentes más oscuros del futbol mexicano donde, afortunadamente, no hubo víctimas.

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