Me fui a bañar y terminé toqueteándome

Me fui a bañar y terminé toqueteándome
Esa noche, la masturbación fue mi salvación en contra del insomnio
Helena Danae
27/05/2020 - 13:15

Hola, mis amores, hoy quiero hablarles sobre cómo conocer nuestro cuerpo y disfrutar de la masturbación, que no tiene nada de malo y, por el contrario, nos ayuda a saber qué es lo que nos gusta, dónde queremos que nos toquen, si suave o más fuerte, dónde las caricias dan con el punto exacto para poder excitarnos. 

Todo en exceso es malo, eso ya lo sabemos y por algo nos lo dicen; si no puedes controlarte a estarte toqueteando en un lugar público, obviamente sabemos que algo anda mal, pero para todo siempre hay soluciones. Además, nada más rico que poder estar en la intimidad de nuestro cuarto dándonos amor. 

Esta manera de amarnos es excelente, pero siempre hay que tener una buena higiene con nuestros juguetes sexuales (si es que vamos a usar alguno) o con nuestras manos y cuerpo. Recuerden que los juguetes son de uso exclusivo y si queremos interactuar con alguien usándolos, siempre debemos tener en cuenta la protección con condones. Cuidarnos así también es una manera de demostrarnos amor propio. 

Les cuento que anoche no podía conciliar el sueño, así que comencé a acariciarme, acababa de bañarme y aún con el cuerpo húmedo, pasé mis manos por mi rostro, acariciando mi cara, detectando dónde era que me encendía más la sensación de mis dedos rozando. Mientras una de mis manos rozaba mi cara, la otra estaba apachurrando mis ‘lolas’, me apretaba los pezones y mi dedo índice entraba a mi boca, mientras imaginaba que era con una pareja, hombre o mujer. 

La idea de ponerle el rostro que yo quiera a mis caricias, me encendía más. Cuando mi mano bajó a mi entrepierna, ya estaba mojada, todas esas caricias habían cumplido con su trabajo. Con la palma de mi mano, comencé a rozar más y más mi clítoris, presionándomelo mientras mis dedos paseaban por mis labios mojados. Mi mano presionó fuerte mi clítoris y uno de mis dedos traviesos entró a mi centro; de pronto, ya tenía dos y luego tres dedos dentro de mí, los movía de adelante hacia atrás y así, aumentando la intensidad, logré venirme “delicioso” justo en la palma de mi mano.

Esa noche, la masturbación fue mi salvación en contra del insomnio.

¡Los adoro!

Mi mano presionó fuerte mi clítoris y uno de mis dedos traviesos entró a mi centro”

 

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