Date el mañanero

Helena Danae
28/11/2018 - 09:12

Hola, mis amores, espero que tengan un excelente miércoles y al leer esta columna se calienten bastante, como yo.

Hoy en la mañana, se me quitó el frío al despertar (confieso que un poco tarde por desvelarme viendo series) cuando, entre sueños, sentí a mi novio besarme al despedirse. Como pude lo tomé de la mano, lo jalé hacia mí y lo empecé a besar profundamente, me descobijé para que él pudiera tocarme, para que besara mis pechos y les diera un poco de calor, sus manos estaban frías e hicieron que mis pezones se pusieran duros y mi piel chinita, traté de cobijarme de nuevo, pero su cuerpo ya estaba arriba del mío. 

No fue difícil empezar el cachondeo, porque mi pijama le dejó el camino libre para llegar a mi entrepierna, siempre duermo solamente con calzones, algunas veces con calcetines también, por si hace mucho frío. 

Hoy en la mañana sólo traía unos calzones de algodón color negro, bajo los que él metió la mano, ya un poco caliente y comenzó a acariciarme, mis manos abrazaron al instante su cuello, demostrándole que me estaba encantando cada una de sus caricias. 

Lo jalé hacia mi cuerpo y comencé a morderlo, se metió debajo de la cobija y comenzamos a besarnos cachondamente. Le quité la sudadera, la playera y escuché ese sonido que me vuelve loca, ese que se produce cuando se desabrocha el cinturón, mi cuerpo sabe lo que está por venir así que me encanta.

Su pantalón estaba frío y además me estorbaba, así que sin dejar de rodearlo con mis brazos, se lo bajé con los pies, mientras que mi novio continuaba besándome el cuello, las bubis, manoseándome por todos lados, yo podía sentir su erección contra mi calzón, entonces empezó a masajearme allá abajo, dándome más calor, mis mejillas se pusieron tan rojas que parecía una muñeca, pero de las XXX. 

Cuando no pude aguantarme más las ganas por tenerlo dentro de mí, se lo dije suave al oído “ya métemela” mordí su oreja y me quité los calzones, él bajó su bóxer y apuntó a su ‘amigo’ hacia mí, me lo metió lento, tan lento que sentí como mi centro se iba abriendo, dándole paso a poder penetrarme. 

Estaba tan húmeda que resbaló fácilmente, así de arrancar lento pasamos a hacerlo rápido, yo abracé mis rodillas y quedé totalmente expuesta para él, con lo que ambos disfrutamos, luego se puso de rodillas meterme toda su hombría, levantó mi cadera y continuó dándome, cuando la sacó fue solo para ponerme de perrito y empezar a nalguearme. 

Así terminé mordiendo la almohada y apretando las sábanas, pero me vine tan rico que sólo pude dejar caer mi cuerpo contra la cama. 

Entonces, él me susurró al oído: “ahora sigo yo”. Tenía en mi cuerpo los estragos del orgasmo, mientras seguía dándome más rápido para poder terminar dentro de mí, cuando vi que ya estaba a punto le pedí que lo sacara y se viniera en mi espalada, lo hizo y se la jaló para dejarlos todos sobre mi cuerpo.

En cuanto exprimió hasta la última gota, corrí al baño antes de que se escurrieran en la cama, me limpié y regresé corriendo, me metí entre las cobijas y él ya estaba cambiándose para ahora sí irse a trabajar, me dio un beso en la frente y yo volví a quedarme dormida, pero ahora descansé más rico, incluso mejor que durante la noche, mi cuerpo no sentía frío y estaba tan relajada, que me perdí en un sueño profundo. 

Ojalá todas sus mañanas sean igual de ricas que la mía, y si no, los espero en mis redes sociales para que se den un taco de ojo con mi cuerpo y su día se ponga color de rosa. ¡Los adoro!

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