¡Hasta siempre Doctor Morales!

Gil Barrera

OPINIÓN 20/12/2020 23:33 Gil Barrera Actualizada 23:33

Uno de los grandes maestros de la crónica en televisión era sin duda el doctor Alfonso Morales a quien no necesitas conocerlo a profundidad, para detectar su profunda inteligencia.

Amable en su trato, culto y extremadamente observador, su sensibilidad radica en conocer a la perfección los gustos de la audiencia.

Sabía soltar el comentario adecuado en el momento indicado, magnificaba cada palabra generaba un matiz diferente a cada instante, por ello sus narraciones eran precisas. Con frases como “No pierda de vista la mano izquierda del oponente” o “la lucha cuerpo a cuerpo cara a cara” y el “amables amigos” era su llave para acercarse el público a quien siempre profesó  respeto. “

“Lo único que te va a abrir las puertas del éxito en esto, es la cultura y considerar al público”, me dijo alguna vez.

Tuve la oportunidad de contar su amistad y trabajar con él en varios lados, pero recuerdo sus enseñanzas en la XEW, justo en la época de oro de la Triple A, allá por el 93. Un día de la noche a la mañana tuve la suerte de que me llamara para que participara con él, yo sin saber nada de lucha libre acudí a la cita y al finalizar el programa me de dijo, piensa que harás para el próximo domingo y arrancas, preocupado por la responsabilidad le llamé y le dije “Doc, es que no sé nada de lucha” él, con el humor que le caracterizaba sólo me dijo, “No te preocupes, ya aprenderás, nomás chíngale y usa el sentido común”.

El doctor no bebía, ni era trasnochador, le gustaban los tacos y “cotorrear con la gente” creía en el culto al cuerpo y era muy enfocado en su trabajo, recomendaba no hablar de más: “haz lo que te corresponde y dale servicio al público” me dijo alguna vez.

Verlo grabar era una clase de narración, previo a la pelea en el Estadio Azteca de Julio César Chávez contra  Greg Haugen hizo más de 80 cápsulas, todas de memoria; aun así tenía tres libros de más de 300 páginas en la mesa, por si un dato se escondía a su memoria.

Alfonso era una máquina de información impresionante, no había nada que no supiera, incluyendo en su vocabulario. Le gustaba adjetivar para cerrar cada frase o abrir la controversia, de ahí el sello característico de sus expresiones.  

Tenía un gran sentido del humor y siempre veneró a las damas, pero cuando veía pasar alguna que le moviera hormona, en corto y en voz baja solía decir ¡qué báaarbaro! frase que después, quedará inmortalizada en la historia de la crónica deportiva. Lo vamos a extrañar. Nos leemos la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.

 

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