Una vez más Japón

"Mi primer viaje a la tierra del sol naciente fue en 1990. Así que, 29 años después, regresaré con la misma emoción"
El Hijo del Santo
08/03/2019 - 05:18

Recuerdo con enorme emoción mi primer viaje que realice a Japón. Fue en 1990 y la noticia me la dio el señor Carlos Maynes, sobrino y socio de uno de los mejores promotores de lucha libre que he conocido: Don Francisco Flores, quien entonces realizaba  las funciones extraordinarias dominicales en el Toreo de Cuatro Caminos.

 Además de los grandes luchadores y luchadoras mexicanos que ahí nos presentábamos, venían extranjeros de India, Japón, Francia y Estados Unidos y de otros lugares del mundo para enfrentar a nuestros grandes representantes como Mil Máscaras, Dos Caras, Canek, Perro Aguayo, Fishman , Villano III y todo el gran elenco de Lucha Libre Internacional.

En esa mi primer aventura a Japón viaje con mis compañeros Negro Casas, Perro Aguayo, Asai, Gran Hamada, Cuchillo, Kato Kung Lee, Súper Astro, Blue Panther, entre otros. Recuerdo que al llegar a este país todo era sorprendente, desde su gran organización, la tecnología, pero  hasta la impecable educación y orden al caminar por las calles y estaciones del metro.

Aquella tarde de mi debut en el Korakuen Hall de Tokio estaba sumamente nervioso, pues eran costumbres y público diferentes a los que muchos de nosotros estábamos habituados. Pero la empresa del señor Mr. Shima tenía mucha confianza en que las funciones de "Súper Estrella 90" sería un éxito y esta gira lo fue, tanto en lo económico como en lo deportivo.

El público nipón reconoció la calidad, el talento y el rendimiento de los gladiadores mexicanos. Algo que quedará para la historia de la lucha en ese país fue lo que nos pasó al término de nuestra lucha a Fuerza Guerrera, Negro Casas, Cuchillo, Asai, Kendo y yo. 

Al culminar la lucha y por primera vez en Japón (según comentarios de los luchadores y periodistas japoneses) el público nos aventó dinero como premio al gran combate que brindamos. 

Eran monedas en enormes cantidades y billetes que  caían al ring ante nosotros. Era algo que habíamos experimentado en México, pero el sólo hecho de ser reconocidos y premiados de esta forma  en Japón  era la muestra de que habíamos realizado un gran trabajo.

Al llegar a vestidor los periodistas se hicieron presentes y un sinnúmero de flashes nos iluminaban para dejar plasmadas en las imágenes nuestros brazos en alto. Teníamos  las manos llenas de dinero, y sin excepción, lágrimas de emoción en los ojos de los cinco mexicanos y un  japonés.

Estoy listo para emprender otro viaje y seguramente la otra semana publicare fotos de esta nueva experiencia en aquel lejano país. En el deporte, los mexicanos regularmente somos muy reconocidos en el extranjero.

Nos leemos la próxima semana, para que hablemos sin máscaras.

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