El futbol mexicano se encuentra bajo los reflectores, pero no precisamente por lo deportivo. Nicolás Morales, actual director técnico de Mazatlán Femenil, ha encendido las alarmas al denunciar públicamente las difíciles condiciones que enfrentan sus jugadoras, evidenciando una brecha de desigualdad que parece no tener fin en la Liga MX Femenil.
Para este Clausura 2026, la directiva apostó por Nicolás Morales (ex técnico de Cruz Azul Femenil) para liderar el proyecto sinaloense. Los resultados fueron inmediatos: el equipo ha registrado uno de sus mejores arranques de torneo desde su ingreso a la liga en 2022. Sin embargo, tras la reciente derrota ante Pachuca en la Jornada 7, el estratega decidió romper el silencio y exponer la realidad que se vive en los vestidores.
Durante la conferencia de prensa en el Estadio Hidalgo, Morales no ocultó su frustración al hablar de la logística del club. El técnico detalló que las jugadoras son sometidas a viajes extenuantes que afectan directamente su rendimiento físico y emocional.
"Hace tres semanas fuimos a CDMX a jugar con Pumas y fueron 15 horas de ida y 15 de regreso. Luego, hace 10 días también con América: 15 horas de ida y 15 de vuelta", confesó el estratega.
Las declaraciones desataron una ola de críticas en redes sociales. La principal molestia de la afición radica en la evidente falta de equidad: mientras la rama varonil del Mazatlán FC realiza sus traslados en avión para garantizar el descanso de los futbolistas, el equipo femenil debe cruzar medio país por carretera cada 15 días.
Expertos deportivos señalan que un traslado de 30 horas totales de autobús en una misma semana es contraproducente para cualquier deportista de alto rendimiento, incrementando el riesgo de lesiones y el desgaste muscular.
En medio de la polémica, el silencio de la directiva ha alimentado una teoría que cobra fuerza en el entorno de la liga. Se rumora que el descuido hacia la rama femenil no es casualidad, sino el reflejo de una administración que ya no tiene interés en el proyecto.
Diversos reportes sugieren que para el próximo torneo el equipo podría dejar de existir, permitiendo la mudanza de la franquicia para convertirse en el nuevo Atlante. Mientras se esclarece el futuro institucional, la plantilla de las Cañoneras sigue demostrando profesionalismo en la cancha, a pesar de que las condiciones fuera de ella parecen estar ancladas en el pasado.