Por: Tania Aguilar
El cansancio se le olvida entre el fervor y la esperanza. Más de 5 millones de personas, según cifras de la alcaldía Gustavo. A. Madero, llegaron horas antes del 12 de diciembre para la gran fiesta de la 'Virgencita'.
La Plaza Mariana se convirtió en campamento y refugio de guadalupanos. Aunque decenas de ellos se han congelado en el frío de la madrugada, quieren cantarle Las Mañanitas a la Morenita del Tepeyac. Aquí a nadie le importa el agotamiento, ni el calor, ni el hambre. Muchos se vuelven a dormir hasta que llegue la medianoche, otros se levantan para escuchar misa o preparan la comida que cargan en sus mochilas.
Aunque arrastrando los pies, peregrinos como el señor Faustino deciden subir los 250 escalones del Cerro del Tepeyac. Él y su familia llegaron a agradecer que salieron del COVID-19 a pesar de haber estado hospitalizados de gravedad. La recompensa de llegar a la parte más alta es el gran mirador desde donde se observa la Ciudad de México. En estas fechas, desde ahí también se miran cientos de casas de campaña en las faldas del Santuario. En la bajada algunas familias pagan sesenta pesos para que los retraten.
Sobre Calzada de los Misterios, decenas de comerciantes venden crucifijos, playeras, gorras, veladoras y pulseras. Entre más se acerca la media noche, productos como el café, las agüitas, el pan dulce y el atole, dejan de ser mercancía y pasan a ser obsequios de parte de ciudadanos que se solidarizan con los peregrinos.
Salud y bienestar, son las peticiones más recurrentes. Mientras algunos feligreses hacen mandas, otros llegan de rodillas para pagarlas. La ‘Virgencita’ les ha cumplido y, por ello, creen en el sacrificio y la fe.
(Foto: Diego Prado. El Gráfico)