Qué tiempos aquellos

Después de haber asistido a una fiesta gay, donde todo era calma y pocos se conocían, recordé los reventones de fines de semana en Cuernavaca con los amigos, eran colosales...
Raúl Piña
15/07/2016 - 05:00

Me pregunto si alguna vez  han ido a una fiesta aburrida. Bueno, pues a mí me tocó el pasado sábado 9 de julio ir a una fiesta gay, donde el cumpleañero celebraba 23 añotes.

Todo "equis", mucha gente, pocos socializaban, grupos separados, y al final, todos "entachados" brincando como canguros sin sentido y con las mandíbulas trabadas y haciendo muecas.  Me fui de ahí recordando mis reventones de cumpleaños con mis amigos en los ochenta.

El primer paso era rentar una casa de fin de semana en Cuernavaca y hacer la cooperacha para pagarla entre todos.  Obvio, que de los 8 o 10 que ponían su lana, tenían derecho  a invitar a quienes quisieran, y aquellos a su vez correr la voz del "reven" con alberca, y de dos días.

Los 'organizadores' llegábamos desde el sábado muy temprano, correr al súper, comprar muchos huevos para comer a la   hora que diera hambre, muchas latas de atún que nadie consumía, y lo primordial, muchas  chelas, apenas para la tardecita y para asolearse, muchos cigarros y hielo.

A tiro de las dos de la tarde, ya todos en traje de baño, nadamos como si  sirenas y nos moríamos de risa al ver que la misión de agarrar color tomaría más que una tarde poniendo las nachas al sol.  

Hablábamos de los que vendrían por la noche y si tal o cual era soltero, a quién ya te habías echado, a quién no y más que nada, imaginábamos la cara de furia de los que no  habíamos invitado, pero que seguro se iban a enterar.

Por ahí de las cinco de a tarde,  ya con invitados acomodándose, recibíamos, sonriendo, acomodando más chelas, más hieleras, más música y muchas risas. 

Armando se asoma por el balcón del segundo piso y trae un turbante y una sábana enredada como vestido. Le ha pedido a una amiga su lápiz labial y trae dos manchas en los ojos que pretenden ser delineador para agrandar los ojos.

Se alborota el gallinero y todos corremos a los cuartos a desnudar camas y ventanas. Cortinas, sábanas, toallas, cobijas, todo sirve para improvisar un vestido.

Aparecen las candidatas de Guerrero, Tamaulipas, Hidalgo, Jalisco, Sonora, Campeche, DF y Puebla.  Los espectadores, que en su mayoría son bugas-heteros,  hacen mucho ruido, porras, chiflidos, apoyo a su favorita, gritos que se confunden, se pelean entre ellos, se ríen, vuelven al concurso, suena la música de Caribbean Queen (Billy Ocean) y las favoritas hacen pasarela a la orilla de la alberca.  Quedan   3, Guerrero, Hidalgo y Jalisco.  El respetable, ya no tanto,  al estímulo de los alcoholes  se desgañita, ya no pueden más, están roncos de gritar cuál quieren que gane.

¡Gana Jalisco!  Sonora se emputa, DF se quita el 'garrerío' que trae encima, la ganadora del año pasado, Morelos le pone a la flamante reina unas ramas con un par de bugambilias y como premio, la avienta a la alberca acompañada de las risas de toda la concurrencia.

Por la noche, ya todos bañados y muy guapos, recibíamos a los invitados que llegaban del DF y de Cuernavaca.  Mucha música, comida y bebidas que rolaban sin parar.  Todos llevaban algo. Eran de esas fiestas de "traje",  traje chelas, traje hielo, traje chatarra.

Ya por la madrugada, después de  bailar mucho y haber conseguido faje, algunos desaparecían por el jardín, los que tenían cuartos invitaban a pasar y los que no, se iban con el nuevo amigo a donde el otro se hospedaba.  Los otros se iban de antro buga al Taizz y regresaban hasta el domingo al amanecer.

Al día siguiente, a curarse la 'cruda' con micheladas, asolearse un poco más. Aprovechar el sol y el clima.  

Ya con el cansancio de la noche anterior, pocos tenían energía y sólo se veían colitas paradas al sol.  Otros de plano de pechito y con lentes oscuros, nomás estiraban la mano para darle traguitos a su agua mineral con limón y sal.

El regreso por carretera era casi en silencio, nadie podía más, si acaso alguna anécdota cómica de alguien durante la fiesta y más que nada, las ganas de llegar a casa y dormir un poco para regresar a trabajar el lunes. Mis fiestas de cumpleaños  siempre fueron inolvidables,  al menos para mí  y las esperábamos cada año para ver a los amigos, para no  invitar a los que no eran amigos y para conocer novios que no durarían ni un mes.  Pero nos divertíamos mucho.

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