Identifica un abuso sexual

ZONA G 12/02/2017 12:55 Redacción Actualizada 10:57
 

Por Irma Gallo

Sé que a ninguno de nosotros, mamás y papás, nos gustaría pensar en qué haríamos si nuestro hijo (a) fuera víctima de un abuso sexual.

Inmediatamente nos cerramos a la posibilidad porque sólo imaginarlo nos pone la carne de gallina.

Desafortunadamente, no porque intentemos negarlo dejará de existir. Ustedes podrán decir: “Pero yo cuido mucho a mi hijo, sólo lo dejo con gente de mucha confianza, como familiares”. Pero, ¿sabían que la mayor parte de los abusos sexuales a menores los perpetran familiares, amigos y otras personas de confianza, como maestros?

PRIMER LUGAR EN ABUSOS. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), en 2014 México ocupaba el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años.

Aunque es difícil conocer las cifras con exactitud porque muchos menores y sus familias prefieren no denunciar estos casos, en diciembre de 2015, la diputada panista Mariana Arámbula dio a conocer que se estima que el 80% de los casos de abuso sexual infantil se cometen en la casa por un familiar.

En el 27% de los casos, el agresor es el padre o figura paterna, seguidos por 18%, el abuelo; 16%, un tío o conocido, y 12%, un hermano mayor.

¿Cómo reconocer si ha sufrido abuso?

En el sitio web saludterapia.com, la sicóloga española María Jesús Adán enumera algunas de las conductas que suelen presentar los menores que han sufrido un abuso sexual:

Sentimiento de culpa: Es una de las consecuencias más comunes.

Baja autoestima y rechazo hacia su propio cuerpo: Puede desembocar en problemas más graves como trastornos de alimentación, uso del alcohol o drogas, o infringirse autolesiones.

Problemas sexuales de diverso tipo: Por ejemplo, anorgasmia, promiscuidad, masturbación excesiva, miedo a las relaciones sexuales, dolor coital, ausencia de deseo sexual.

Ansiedad.

Aislamiento: Desconfían, se vuelven distantes.

Inestabilidad emocional: Pueden presentar reacciones de ira alternadas con momentos de depresión o miedo inexplicable.

Y yo agrego que no es infrecuente que presenten enuresis nocturna, o sea, que se hagan pipí en la cama durante la noche.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero que les aconsejo es intentar hablar con él (ella). Establezcan un clima de tranquilidad y confianza, y díganle que no importa de qué se trate, ustedes le creerán.

Si les cuenta que, en efecto, alguien abusó o está abusando de él, asegúrense de llevarlo a una revisión médica que incluya análisis de sangre para descartar cualquier enfermedad de transmisión sexual y/o embarazo.

Recuérdenle todo el tiempo que él (ella) no es culpable de lo que le sucedió, sino el adulto que traicionó su confianza. Repítanle que él es un ser valioso y único, y que ese valor no se ha alterado.

Llévenlo (a) con un especialista (sicólogo, terapeuta, siquiatra, etc.). Es muy probable que, aunque pongamos todo nuestro amor y dedicación, para completar el proceso de curación, nuestro hijo necesite de un profesional. 

Decidan entre todos, como familia, si vale la pena denunciar al abusador: muchas veces en nuestro país la justicia tarda en llegar o no llega nunca, y sólo vamos a exponer a nuestro hijo a recordar un hecho traumático para nada.

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