Soy una ganga

Cintura breve, curvas, senos grandes, pezones duros y redondos, labios besables, muslos tensos, piel suave, cabellera larga y perfumada
Lulú Petite
13/04/2017 - 05:00

Querido diario: La semana pasada te conté de uno de mis clientes, Julio César, y además de narrar la forma deliciosa en la que me hizo el amor, te platiqué un poco de su filosofía en cuanto a las relaciones. Él es enamoradizo. Su corazón ya ha caído en la tentación de las promesas: En la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso. Intercambió argollas y esperanzas. La bronca es que, aunque haya sido sincero, también es ojo alegre y ha sucumbido a los caprichos de su deseo.

Después de divorciarse, siguió creyendo en el amor, pero cada vez tropezaba con la misma piedra. Al cabo de un tiempo, las cosas terminaban mal y él comenzaba con infidelidades. Así que, sabiendo que su vicio era el sexo, decidió ir por él sin hacer más daño. Con chicas que no esperaran amor a cambio de sexo, con quienes pudiera desahogar su apetito, sin más compromiso que el pago. Así, se convirtió en un putañero empedernido. Hizo del sexo de paga su guarida y a nosotras, las proveedoras de esas caricias que al cuerpo le hacen falta.

El caso es que un chico leyó ese texto y, cuando me llamó para preguntar por mis servicios, el tema salió a la conversación. Se decepcionó mucho cuando se dio cuenta de que lo que tenía ahorrado, no le alcanzaba para darse el gusto. Se oía buena onda, era muy amable y tenía muchas ganas de darse un gusto de esos que sólo se logran destendiendo camas, pero no tenía suficiente plata. Insistió en que le hiciera un descuentito, que bajara la tarifa, que le urgía conocerme.

Fue tan convincente que me hizo sentir muy halagada, tal vez hasta conmovida. No tengo el corazón de piedra. Si lo que yo vendiera fuera otra cosa, tal vez habría aceptado hacerle el descuentito, pero no vendo tanques de oxígeno ni antídotos contra la mordedura de serpientes. Por más que lo adornemos, lo que él quería era coger y, si no te alcanza para hacerlo con una chica, siempre hay otras más accesibles, una chaqueta o, incluso si te aplicas, tienes verbo y eres bueno para el romance, el sexo es gratis. 

Fue allí donde salió lo que escribí el jueves pasado. Me reclamó que, según Julio César, “si lo que quiere es coger, una conquista, a la larga, siempre sale más cara que una puta”.

Probablemente tenga razón, pero esa frase es de Julio César, no mía. De cualquier modo, me dejó pensando si en verdad estoy dando un servicio caro. Lo caro o lo barato es un asunto relativo, que no depende de quien pone el precio, sino de quien lo paga.

Por un lado, si cobrara menos, probablemente trabajaría más. Atendería más clientes, pero de manera menos amorosa y, en vez de llegar a disfrutarlo, me pesaría. Cobrando poco, seguramente no me esforzaría tanto por el placer del cliente.

Con lo que cobro, atiendo a menos clientes, pero le doy lo mejor de mí a cada uno. Un cliente se da cuenta, cuando la atención es mecánica o cuando lo atiendes con gusto y erotismo. El sexo es sólo una parte del servicio, lo que se paga es la fantasía completa.

Por otro lado, si sumas el esfuerzo, tiempo y dinero que se tiene que invertir para ligar a una chica, es más fácil saber si el servicio es caro o no. 

¿Qué tendrías que hacer para llevar a la cama a una mujer con un cuerpo parecido al de quien ves en la foto de esta colaboración? Cintura breve, curvas, senos grandes, pezones duros y redondos, labios besables, muslos tensos, piel suave, cabellera larga y perfumada.

La conoces. Tendrás que seducirla, convencerla, cuidarla. Invitarla a algún lado, a comer, a cenar, al cine, al teatro, no sé. Quizá unas flores, otros detalles. Entre cosa y cosa seguramente el gasto ya va elevado y ni siquiera le has podido dar un beso o bajar tu mano de la cintura hasta sus nalgas. Supongamos que las cosas van bien, todavía hay que considerar el gasto en hotel, cena, detalles, condones, pero si las cosas no marchan sobre ruedas, después de mucho intentar, te puede salir con que le gustas, pero como amigo y mandarte a sacarte las ganas con Manuela Palma y ducha fría.

A mí, en cambio, me llamas, nos vemos en el motel y cogemos. Si comparas eso con lo que te habrías gastado tratando de seducirme, acéptalo, la inversión es una ganga.

Hasta el martes,  Lulú Petite

 

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