Con el don de la amistad

Doña Teresita agradece tener la facilidad de conversar con la gente y cultivar el amor fraternal
Tanya Guerrero
21/03/2017 - 05:00

Una amistad se cuida con cariño y amor. La comunicación, los paseos y la ayuda mutua son parte importante de las buenas relaciones. Incluso los enojos que a la larga terminaron en risas, reforzaron la amistad que por cuatro décadas  Teresita Del Niño Jesús Jiménez de la Rosa  ha mantenido con los que al principio fueron compañeros de trabajo.

“La amistad es una base humana que se necesita igual que como se quiere a la familia. En una amistad sincera encuentras apoyo. Es cuando puedes decir: Aquí está mi hombro, puedes llorar, te puedes desahogar y de aquí no saldrá nada”.

Entre  Dolores, Georgina, Lourdes, Alicia, Manuel y Teresita se estrecharon lazos que en 42 años no se han roto. Para ella, el amor que le tiene a sus amigos y la dicha que le da su familia es lo que la define como una mujer plena.

A esos que han estado en las buenas y en las malas con ella, los conoció a los 19 años cuando entró a trabajar en la empresa privada en donde todos trabajaban.

En su departamento, había 30 compañeros de entre 19 y 25 años, por eso, al ser de una edad promedio; se armaba un ambiente agradable, en donde platicaban todo el día y se apoyaban unos con otros para resolver dudas del mismo trabajo.

“Era un halago irme a trabajar, levantarme temprano y arreglarme. Todos me decían que siempre estaba riendo. Me entretenía, atendía personas, vacilaba con una amiga vacilaba con otra. Estábamos en la onda”, comenta la mujer de 68 años, quien recuerda que a la salida del trabajo, el grupo de seis amigos se organizaba siempre para ir al cine, a comer y platicar de gustos, libros y películas.

El carisma que Tere exhala traspasa su enorme sonrisa cuando recuerda su labor en la aseguradora. De ser capturista, terminó dedicándose al análisis de 30 casos médicos por día. Su pasión por aprender junto con sus amistades, hicieron de esos años un deleite para ella. Incluso cuando la empresa creció y mandaron a cada uno a distintos departamentos, ellos se seguían viendo. Se convirtieron entonces en una amistad eterna e inseparable.

“Me siento afortunada por tener a mi familia y a mis amistades. No me puedo quejar, a mi Diosito me ha dado todo. Me dio juventud, salud y el don de que la gente converse conmigo. Que la gente me tenga confianza es para mi muy importante. Me defino como una persona afortunada. Mi misión en la vida es vivir”, presume.

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