Una balita disparó mi placer

Redacción
09/08/2017 - 10:42

Por Helena Danae

Hola, mis chulos y mis chulas, hoy es miércoles de querernos y aprender juntos. Por eso voy a responder a un correo en el que me preguntaron sobre ¿qué opinaba de los moteles? O ¿qué lugar es el mejor para tener un encuentro muy cercano?.

Yo creo que eso depende de cada persona y cada situación, pero el lugar puede ser cualquiera, incluso justo donde estás ahora, aunque claro que hay reglas, leyes y no debemos afectar a terceros con nuestras travesuras.

En cada columna he utilizado muchos escenarios, oficinas, casas ajenas, baños, la carretera y sin duda los moteles. He tenido experiencias malas, terribles y excelentes. No quemaré negocios, pero hay algunos que están infestados de bichos, camas que dudo tuvieran un colchón bajo la sábana, parece que es puro concreto y almohadas que no sirven más que para adornar la habitación.

Hace poco tuve un shooting grupal, en uno de esos hoteles kinky, algunos tienen una linda decoración, su cama pachona y su regadera como si fuera la lluvia misma.

Mientras te bañas y lo dejas ver cómo enjabonas cada parte de tu cuerpo, puedes también bailar, para que tu pareja te mire desde la cama a través de un cristal, mientras puede empezar a masturbarse.

Además, esos hoteles tienen un catálogo con lubricantes, dildos, vibradores y muchas otras cosas interesantes. 

La primera vez que fui se me ocurrió comprar una balita y admito que era todavía nueva en ésto, así que fue de lo más sencillo que pude comprar, porque todo lo demás me parecía muy por arriba de mi nivel de erotismo (en ese entonces). 

Era una cosita del tamaño de mi pulgar, morada y con un botoncito en un extremo. Le puse las pilas y la encendí ¡oh, sí! disfruté de vibraciones como pequeñas descargas, tan excitantes que no pude esperar a mi acompañante que estaba bañándose.

Me acosté boca arriba, bajé mi pijama con todo y calzones y la dejé a un lado de la cama, empecé a tocarme con los dedos, poco a poco fui acercando la balita, recorrí mi pierna y cuando tocó justo a un costado del clítoris fue como si me diera un viaje, mis ojos se pusieron en blanco y mis piernas estaban tensas para poder llegar al orgasmo.

Entre mis niñas escurrían gotas de sudor. Las descargas llegaron hasta la vagina y por fin pude descansar, fue relajante, dulce. 

Casi me quedo dormida de lo bien que pude sentirme, pero mi cuerpo pedía más, otras descargas así, entonces seguí haciéndolo y tuve un orgasmo tras otro, hasta que sentí que algo me faltaba.

Metida en tan caliente momento, tomé una de esas almohadas tan esponjosas y la puse entre mis piernas, me acosté boca abajo y me metí la mano para poner la balita dentro de la vagina, entonces hasta mis tetas sentían roces que me excitaban más y más.

Cuando me di cuenta, mi amigo ya estaba afuera viéndome, con una toalla en la cabeza, cuando terminé y me giré para quedar boca arriba, sentí pena al verlo, la verdad, porque nadie me había visto masturbarme así, con las piernas rígidas y apretando las nalgas para sentir más las vibraciones.

Él se quedó callado y empezó a vestirse, cuando me metí a bañar, sólo me dijo que no tenía por qué hacerlo sola, él podía ayudarme mejor que esa cosita, le dije que sí, pero pensaba que ni su lengua podía mejorar lo que había sentido con mi nueva amiguita.

Y así fue una mis historias dentro de un motel. Si ustedes quieren platicar de alguno, espero sus correos. Les mando amor y muchos besos.

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