Ignoran agravantes en asesinato de Dani

La roja 19/07/2017 05:00 Lydiette Carrión Actualizada 05:05
 

Lydiette Carrión

En aquel  entonces, octubre de 2016 en Nuevo León, para considerar un homicidio doloso como feminicidio se debía probar tres agravantes. En el caso de  Daniela Jiménez Covarrubias, quien tenía 15 años cuando fue asesinada, se probaron el acoso, la violencia extrema y la mutilación.

El asesino se llama Diego, era un compañero de la escuela, también de 15 años, y recién había entrado a la preparatoria de la Universidad de Montemorelos, Nuevo León. La familia de Dani es oriunda de allá y a él no lo conocían. Pero aquella es una ciudad de estudiantes y están acostumbrados a convivir con gente de fuera. Además, Diego tenía buenas credenciales: proveniente de la CDMX, llegaba al internado de la escuela; su hermano era ex alumno y su tío es el director de la Facultad de Medicina.

Pero había detalles. Dani le comentaba a su mamá: “Es que siempre me anda agarrando el cabello”. Y luego, los mensajes, todo el tiempo, en los que Diego le insistía que quería “algo” con ella.

A Daniela le gustaba el chico, y además, sentía curiosidad por el amor... Pero al papá de Daniela no le gustaba nada. El muchaho fanfarroneaba: que ya había salido con fulana, que había tenido algo que ver con zutana. El papá advertía a la hija que no se fiara de alguien que hablara mal de otras muchachas.

En sólo dos meses de estar en la ciudad Diego ya se había liado a golpes. Además siempre cargaba cúters.  De hecho los compañeros de la escuela reconocieron el cúter con el que la mató como el que Diego llevaba consigo a todas partes.

LOS HECHOS. La mató en menos de media hora. El 6 de octubre de 2016 se quedaron de ver Dani, una amiga, Diego y otro muchacho. Tenían poco tiempo, eran las 7 y Dani debía llegar a casa a las 8. Tomaron el auto de ella, fueron a un Oxxo y luego se dirigieron a una colonia que colinda con huertos de naranja y con muchas casas abandonadas. La amiga y el otro muchacho los dejaron solos.

Diego quiso “algo”, pero ella no. Él insistió y se puso violento. La atacó, ella se defendió. Se sabe que salieron del auto porque las autoridades no hallaron sangre al interior, pero sí que la hallaron en la defensa trasera. En el forcejeo él le fracturó varios dedos de las manos, le asestó al menos cinco heridas en el rostro, la hirió en los brazos, finalmente, le cortó la vena carótida (mutilación). Es probable que la haya arrastrado, dado que el cadáver presentó lesiones en los tobillos.

Entonces, él decidió herirse a sí mismo y corrió al hospital de la universidad. Ahí dijo que los habían asaltado. Avisaron a los papás de Dani y autoridades salieron a buscarla. Encontraron el auto abierto, la llave pegada, la mochila de Dani al interior. La policía y el papá se internaron en el campo, el cuerpo estaba a escasos metros. El muchacho cayó en contradicciones y confesó los hechos.

Por ser menor de edad, Diego fue condenado a dos años.

“Lo sentenciaron por feminicido”, explica Mirna Covarrubias. “Pero el tiempo que le dieron… es que ni palabra se tiene para describir… Aquí en Nuevo León, el consejo tutelar está lleno de sicarios y asesinos, porque el crimen organizado (no es el caso de Diego) contrata puros adolescentes, ya que hagan lo que hagan les dan dos tres años y ya salen”. Ojalá este caso sirva para que se revisen las leyes, finaliza la madre.

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