Ex soldado martirizaba y mataba mujeres en su tráiler

La roja 14/10/2016 05:00 Ricardo Ham Actualizada 13:32
 

 Jessie entró al bar y miró alrededor, inició su andar entre las mesas, se acercó a la barra,  pidió la misma bebida de cada noche. El cabello rubio y la piel blanca de Jessie servían como perfecto anzuelo, la atractiva joven no tenía necesidad de salir a cazar, podía esperar con paciencia a que la trampa cerrara; un corpulento hombre se le acercó, pero, no era lo que ella buscaba y lo rechazó. Finalmente  una bella latina le invitó un trago, la magnética sonrisa la atrajo y la  conversación la obligó a quedarse. 

Las horas pasaron, las risas se conjugaban, los vasos chocaron y  los labios se juntaron,  las suaves y delgadas manos se entrelazaron y las mujeres salieron juntas, muy cerca de ahí estaba la casa rodante que Jessie compartía con su padre, un hombre maduro llamado David. 

Las chicas se introdujeron al camper, pero los ojos de la joven latina se horrorizaron al momento de encender las luces, su grito fue callado por un fuerte golpe, sintió unas toscas manos que la jalaron del brazo, le colocaron unas esposas que cortaban su piel, había entrado a la Caja de Juguetes, otras 59 víctimas lo habían hecho antes, casi ninguna logró salir con vida tras las sádicas torturas sexuales que David Parker Ray ahí les infringía. 

Una de las crónicas criminales más escabrosas del crimen norteamericano es la que narra los hechos que ocurrieron al interior de la Caja de Juguetes de David Parker Ray, un viejo mecánico, ex militar, que gustaba de  perversiones sexuales como la zoofilia, el sadomasoquismo y la necrofilia.

David llamaba “Caja de Juguetes” su camper asentado en el campamento Elephant Butte, en Nuevo México, allí  se había adaptado un auténtico centro de tortura sexual, en la casa había esposas, látigos, collares, cadenas, una cama ginecológica y  cuchillos, el pequeño camper estaba revestido con materiales aislantes sonoros que no permitían que nada de lo que ocurría al interior se escuchara al exterior. 

Ray tenía un largo archivo de acusaciones de intentos de violación, pero las autoridades no investigaron más.

Sin embargo, la aparición de una chica semidesnuda y con huellas de tortura, caminando por la carretera, puso en alerta a la policía de la existencia de la “Caja de Juguetes” así como de las vejaciones que allí ocurrían. 

Las investigaciones concluyeron que cerca de 60 mujeres desfilaron por el camper, al menos 14 fueron asesinadas por David con la complicidad de su hija Jessie. Ray confesó que secuestró a cientos de mujeres y varias las vendió en la frontera con México para ser explotadas sexualmente.  Ray fue sentenciado a 223 años de cárcel, pero su corazón se detuvo en mayo de 2002.

 

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