Halo de santidad: ¿Fenómeno real?

Halo de santidad: ¿Fenómeno real?
Al principio, se reservaba sólo a la figura de Jesús, más tarde se extendió a la Virgen María y al resto de los santos
Yohanan Díaz Vargas
05/07/2020 - 13:54

A menudo, en las representaciones de Jesús de Nazaret y de diversos santos, es muy común que luzcan un disco o aro dorado encima de sus cabezas. Se trata de la denominada aureola de santidad (del latín aureus, dorado), que aparece alrededor de la cabeza de los santos en infinidad de obras artísticas a lo largo de toda la historia del cristianismo. 

Al principio, este halo de santidad se reservaba sólo a la figura de Jesús, aunque más tarde se extendió a la Virgen María y al resto de los santos de la Iglesia católica, especialmente a partir del siglo V. Aunque muchos piensan que se trata de un simple adorno, nada más lejos de la realidad, parece tener una base real. En la Biblia, según el evangelio de San Mateo, “seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, su hermano, y los llevó a un monte alto y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol”. 

En el Éxodo leemos: “Moisés se quedó allí con el Señor 40 días y 40 noches, sin comer ni beber. Allí escribió sobre las tablas las palabras de la alianza, es decir, los diez mandamientos. Después bajó Moisés del monte Sinaí llevando las dos tablas de la ley; pero al bajar no se dio cuenta que su cara resplandecía por haber hablado con el Señor. Cuando Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés, sintieron miedo y no se acercaron a él”. En las biografías de San Ignacio de Loyola, algunos testigos cuentan que sus caras emanaban extraños resplandores cuando rezaban. 

Según José María Eça de Queiroz, e San Antonio de Padua “reprendió a Ancelino, tirano de Padua, por sus desvaríos. Todos esperaban que el tirano mandase ejecutarlo, pero cuál no fue la sorpresa de los presentes cuando vieron correr a Ancelino hacia el hombre de Dios, caer a sus pies y prometerle enmendarse. Ancelino contó después que había visto el rostro de san Antonio relucir con semejante brillo que no podía soportar la visión de tan vivo fulgor”. 

En “Vidas de los santos”, san Epifanio recibió este nombre “porque al ponerlo en la cuna por primera vez se vio que del rostro del infante irradiaba una viva luz. Podríamos citar muchos otros ejemplos, como los de san Arsenio, santa Oringa y san Andrés, pero podemos terminar aludiendo a uno de los casos más destacados, el de San Felipe Neri. Se cuenta que “durante la misa, cuando Felipe Neri tomaba el cáliz en sus manos, se le iluminaba la cara, abrasada de fuego celestial; tenía tal arrebato de éxtasis que no podía bajar los brazos”. 

La investigadora española Isabela Herranz, explica que “en la literatura médica son conocidos los halos neuropáticos” y cita un caso descrito por el neurólogo francés Charles Feré, quien en sus textos Annales des Sciences Psichiques, habla de dos pacientes que presentaban estas emanaciones, singular fenómeno que también se ha observado en la sudoración y en las úlceras de algunas personas y hasta en el aliento de enfermos que están próximos a la muerte. 

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