Liga MX

Con derrumbe de Estadio Azul, don Rafael se quedará sin chamba

Cuando se le preguntó que si a él le gusta el futbol su respuesta fue directa: “claro que me gusta”

(Foto: Antonio Esquivel)
Deportes 21/04/2018 12:01 Antonio Esquivel Bernal Actualizada 19:57
 

Rafael Salas Zermeño se ha pasado los últimos cinco años de su vida haciendo la limpieza en el estadio Azul. 

Todos los días llega al inmueble de la colonia Nochebuena, se pone un mandil color azul, una gorra café y toma su recogedor, su escoba y un palito puntiagudo para comenzar su trabajo.

Esta actividad la hace desde hace cinco años, pero el próximo 2 de julio, el hombre, que en su último pastel apagó 75 velitas, pasará a formar la gruesa lista de desempleados de la Ciudad de México.

“Nada más tengo esta chamba y hasta ahorita no nos han dicho nada, pero esto ya quiere acabarse y la verdad si me va a afectar”, señala con tristeza.

TUNELAZO. De pronto, saca un pañuelo para secarse el sudor y confiesa que también es uno de los hombres que infla y desinfla los túneles por donde entran y salen los jugadores en cada partido.

“Francamente, no tenemos mucho contacto con los jugadores, no más les hablamos cuando bajamos a ponerles el túnel, porque el día del juego, no sólo hago limpieza, sino hago lo que me manden”.

Cuando se le preguntó que si a él le gusta el futbol su respuesta fue directa. “Claro que me gusta”, pero su rostro muestra una mueca cuando aclara: “Vengo cada partido, porque tengo que estar a fuerza cada quince días”.

Pero por primera vez sonríe en la charla cuando muestra “su afición” por Cruz Azul. “Pues ya que chingaos me queda, aunque también me gusta ver a otros equipos”.

CON UNO SÍ, CON OTROS NO. Rafael recuerda que se ha tomado fotos con dos de los referentes del equipo.

“Cuando estuvo El Chaco Giménez y El Conejo Pérez me acerqué y tengo fotos con ellos”. Pero cuando se toma el tema de los entrenadores o de los directivos, de manera sincera dice: “Esos no se dejan hablar tan fácilmente, con ellos no, nada”.

Como si fuera periodista da su opinión sobre los veinte años sin título de los cementeros. “A lo mejor no entrenaron bien, a veces juegan bien y a veces mal, pero la riegan”, Después, tomó su trapo y siguió con su labor de limpieza.

´MATAN’ TEMPLOS AL DEPORTE

Por Rodolfo Rosales

Fueron templos que se erigieron al deporte. Santuarios en donde los héroes fueron idolatrados.

Actualmente los olés, el gol, las porras han sido sustituidas por el grito de “viene, viene” que cuidan los estacionamientos.

Nos referimos al Parque Asturias, El Parque Delta (posteriormente Parque del Seguro Social), El Toreo de Cuatro Caminos y la próxima ‘muerte’ del Estadio Azul, que han cedido a intereses económicos.

El estadio Azul estaba Instalado en un sueño que se llamó La Ciudad de los Deportes, al lado de la Plaza de Toros México, con capacidad para 36 mil 600 personas, se inauguró el 6 de octubre de 1946 con un juego de futbol americano entre los Pumas y el Colegio Militar.

Desde 1996, a la fecha, el Cruz Azul renta el inmueble y será derruido para que se edifique un complejo comercial. 

IDEA ESPAÑOLA

El parque Asturias fue creador por asturianos llegados a nuestro país y era todo un complejo deportivo con canchas de tenis, frontón, futbol, squash, boliche y hasta restaurantes. 

Se inauguró el 1 de 1936. Sólo tres años y dos meses después el estadio quedó reducido a cenizas; pues en el duelo por el título entre Asturias y Necaxa, el 29 de mayo de 1939, la lesión del necaxista Horacio Casarín y un penal casi al final del cotejo, que le dio el empate y el título a los asturianos, provocaron que los seguidores de los electricistas generaran un incendio. Ahí queda para el recuerdo, aquel 29 de marzo de 1939. 

Mientras que el Parque Delta fue inaugurado en 1928. En ese inmueble nacieron las rivalidades entre los Diablos del México y el Veracruz. Un día, debido a lo viejo de las maderas de las tribunas, hubo un derrumbe que que dejó varios muertos. Ese fue el pretexto para demolerlo y en 1955.

El Toreo se inauguró el 23 de noviembre de 1947, con la corrida donde Lorenzo Garza “apadrino” a Jorge Medina y como testigo fungió nada menos que con Luis Castro “El Soldado”.

El inmueble era descubierto, pero en 1968 los dueños mandarona techarlo se convirtió en parte del paisaje urbano.

Durante 62 años, en el Toreo se escribieron historias de triunfo, derrota, dolor y muerte.

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