Atlantis, un ídolo invencible

Deportes 19/09/2015 12:18 Actualizada 12:20

El luchador tapatío acabó con la máscara de la Sombra y se confirmó como una leyenda viviente en la arena México

 

Agotado y con el peso de las grandes batallas encima, Atlantis fue capaz de encontrar el atajo directo a su arma letal, atrapó a la Sombra en el aire, lo elevó como tributo al pancracio y le arrebató la rendición cayendo de rodillas para casi partirlo en dos, el grito de piedad llegó y la arena México estalló en una ovación interminable al ídolo que se apoderó del pasaporte directo al olimpo de las leyendas.

(video cortesía YouTube)

“Sí se puede, sí se puede”, clamaba minutos antes la afición coliseína que salió al rescate de su emblema, el enmascarado tomó el último impulso, eludió un faul, protegió su máscara y preparó a su rival con sendas quebradoras que ablandaron su orgullo.

Un templo entregado al veterano, pero que poco a poco le cedió terreno a la calidad de su oponente, el “Atlantis, Atlantis”…. retumbó varias veces en el coso; pero la batalla avanzó y el joven lagunero recibió el premio que el pasado reciente le había negado: “Sombra, Sombra” aclamaron muchos como presintiendo un descenlace impensable.

Atlantis fue el primero en llegar a la cita con el destino, caminó firme anclado en la experiencia de añejas batallas y aguantó las intervenciones de Rush que estuvieron cerca de echar perder su noche: primero, impidió el conteo jalando al réferi fuera del ring, acción que provocó que los seconds fueran echados del cuadrilátero; minutos más tarde el Toro Blanco regresó para prolongar el viacrucis de su compinche.

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Pero la suerte estaba echada, y, aunque desesperado, el Ingobernable buscó acabar con su rival con un martinete el réferi lo evitó y Atlantis no perdonó más a su enemigo, se irguió por última vez para aplicarle la Atlántida, esta vez no hubo salida, soportó unos segundos pero la presión fue demasiada y clamó el final.

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La locura se apoderó del inmueble, la energía contenida de miles de gargantas pobló el recinto de aplausos y ovaciones para el vencedor, quien acostumbrado a esos momentos aguardó paciente que Manuel Alfonso Andrade Oropeza se despojara de su máscara.

El originario de Gómez Palacio, Durango, con 25 años de edad y 11 como luchador profesional volteó a su raíces y le pidió a su padre, el Brillante y a sus tíos acompañarlo en la derrota: “Ellos me dieron la lucha y los quiero aquí”; entre empujones y golpeados por el dolor alcanzaron el ring para lidiar con la agonía de su aliado de sangre.

Después, levantaron a Atlantis en hombros como una invitación a la Sombra para ser grande en la derrota, y lo fue, le dio la mano a su verdugo y permitió que los suyos lo acogieran en emotivos abrazos que minaron la pena.

Así terminó una noche mágica en la arena México que confirmó la idolatría y aires de leyenda a Atlantis, una batalla que abrió también a la Sombra el sendero para ser una estrella indiscutible en la lucha libre mexicana. 

 

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