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El Brexit y AMLO

Mié, 29/06/2016 - 13:35

El divorcio del Reino Unido y la Unión Europea es visto por el consenso de los analistas como un error garrafal, un verdadero autogol de los británicos. Muchos creen que fue un salto al vacío que les traerá más daños que beneficios, y que acabará, incluso, en la desintegración del país.

La decisión, en referéndum, de la democracia más vieja del mundo chocó, en efecto, con el ‘establishment’. El Reino Unido despertó, de pronto, en medio de una crisis política. La Unión Europea está pasmada y hace el ridículo con malabares que pretenden evitar que cunda el ejemplo británico y se les descuadre el ya largo proceso de integración, sustento fundamentalísimo de capitalismo salvaje globalizado.

Decíamos en la entrega pasada que el voto por el Brexit no fue sólo por la nostalgia de los viejos ni por la ignorancia de quienes lo avalaron. Antes del referéndum, los expertos pusieron sobre la mesa una retahíla de ejemplos de las graves consecuencias que les traería su separación de Europa.

Quienes promovieron la permanencia publicaron toda esa información y sentían tal solidez en sus argumentos, que daban por descontada la derrota del Brexit, pero resulta que ganó el divorcio.

El consenso de los analistas trata de convencerse y convencer que los británicos desoyeron a los expertos y se dejaron seducir por quienes ofrecieron soluciones sin sustento a sus problemas, esos que llaman populistas.

Creo que su explicación, de quedarse ahí, es muy limitada. Acaso el verdadero problema sea que esos analistas parten de una premisa no cierta: que la globalización es inexorable, y anclan su propaganda en el miedo: ir en otro sentido, repiten obsesivos, sólo lleva a la aniquilación.

La globalización no parece un mal destino para el mundo, pero no como está hoy. Tal y como funciona ahora es explotadora y excluyente. Son millones en el mundo y muchos miles dentro del Reino Unido, los que han quedado rezagados por la avaricia de los banqueros y el capital financiero.

Esos millones de excluidos son los que buscan y exigen otras opciones, como las ofrecidas por el Brexit, porque sí hay vida después de la globalización que hoy conocemos.

Esa idea es la que los globalifílicos se afanan en no dejar pasar y meter miedo ha sido una redituable estrategia de contención. Así consiguieron, por ejemplo, mantener a Escocia dentro del Reino Unido.

Lo que ahora pasó es que el miedo se acabó y la convicción de que no hay tal inevitabilidad de la globalización, lleva a la gente a tomar partido por planteamientos anti sistema que ofrecen alternativas al status quo. Esos planteamientos no son necesariamente populistas, aunque siempre se correrá el riesgo de que caigan en esa categoría.

El consenso de los analistas descubre, azorado, que hay un fenómeno anti sistema en el mundo occidental. ¿No será que más que un fenómeno coincidente, es el contundente señalamiento del fracaso de la globalización tal y como la conocemos, que es preciso revisar y reorientar?

Se ha vuelto común relacionar el Brexit con la candidatura presidencial de Donald Trump, en Estados Unidos, y el desafío de Morena y López Obrador, en México. En todos esos casos, el ‘establishment’ ha recurrido al miedo, sembrando mentiras (todo un arte en la política), que anuncian catástrofes para aterrorizar a la gente con un futuro sombrío e inducirla a que se contente con su triste presente.

Las campañas de miedo aplicadas a la candidatura de López Obrador en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, se reeditan ahora de cara a las de 2018, lo que nos dice que AMLO, sin duda, es una fuerte carta para las próximas elecciones.

Morena, su partido, fue en votos totales conseguidos, el que realmente avanzó en las elecciones de junio pasado, recordaba ayer el ex canciller Jorge G. Castañeda.

‘El Peje’ parece tenerlo muy claro, de ahí que se sienta con la fuerza necesaria para exigirle a Peña Nieto un gobierno de transición en lo que resta de su gestión, que le permita entregar el mando, en 2018, en tranquilidad y paz social.

Pero AMLO nos debe muchas respuestas a los mexicanos, sobre todo a los anclados en el miedo. Él es, por lo pronto, la única alternativa visible de cambio. Debe decirnos con toda claridad, hacia dónde iría ese cambio y cómo lo implementaría. Si no lo hace con claridad y con la honestidad de la que tanto alarde hace, seguirá rondándole el ‘fantasma’ del populismo. 

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