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Así puedes reconocer si una persona tiene el afán de tener siempre el control

Así puedes reconocer si una persona tiene el afán de tener siempre el control

(Foto: Ilustrativa Unsplash)

Al día 22/07/2022 19:05 Víctor Jiménez Actualizada 19:05
 

Hay quienes si no tienen el control, las invade el temor a no parecer lo suficientemente buenas o eficaces, a la opinión de otros, a que los demás se rebelen o no las respeten, a que alguien haga algo que no les gusta o a que las lastimen. Así es, detrás del afán de control puede haber uno o varios temores.

Y no sólo temores, también malestares corporales: tensiones corporales, bruxismo, colitis y gastritis, ritmo cardiaco acelerado, todos ellos producto del estrés y la ansiedad.

Sus relaciones con otras personas generalmente son tensas, debido a su fanatismo por el control. Lo que generalmente está ausente en sus vidas es calma y gozo.

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Los maniáticos del control hacen todo ellos mismos, no confían en los demás o creen que no lo harán bien. De esta manera, solo se provocan desgaste físico, mental y emocional. Terminan jugando el papel de víctimas, pues no permiten que otros les ayuden o, simplemente, no saben delegar. Les gusta creer que pueden controlarlo todo, porque les da una falsa sensación de seguridad.

Pero en realidad el control total es una ilusión. Cuanto más tratan de controlar las situaciones o a las personas, peor resultan las cosas.

Es desgastante y frustrante intentar controlar los eventos de la vida y el comportamiento de los demás. Es incluso absurdo, porque nadie tiene la capacidad de controlar todo lo que le sucede ni de cambiar a otras personas.

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Podemos hacer lo que está en nuestras manos para que las cosas resulten como nos gustaría. Podemos motivar, sugerir y orientar a otros para que actúen de la forma en que consideramos mejor para ellos. Pero en ninguno de los dos casos tenemos la capacidad para evitar que algunas cosas sucedan de cierta forma o para gobernar la vida de los demás, muchas veces ni siquiera la de los hijos.

SU CALVARIO:

— La frustración y la rabia surgen del afán del control absoluto, que como ya mencioné es una ilusión.

— La impotencia por no poder controlarlo todo es causada por la diferencia entre cómo piensa el fanático del control que deberían ser las cosas y cómo son en la realidad.

—Le falta aprender a aceptar la realidad tal cual es.

—Piensa en términos de todo o nada. Para él no existen tonos de grises. Esto tensa sus relaciones con quienes tienen una actitud más flexible.

—Parte del afán de control es mantener una vigilancia extrema sobre los demás y las situaciones. Esto lo mantiene en una tensión que lo desgasta física y mentalmente.

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(Fotos: Ilustrativa Unsplash)

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