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“He visto un fantasma”, nuestro columnista cuenta su aterradora experiencia en el AICM

“He visto un fantasma”, nuestro columnista cuenta su aterradora experiencia en el AICM

“He visto un fantasma”, nuestro columnista cuenta su aterradora experiencia en el AICM (Foto: Twitter)

Al día 23/10/2022 15:45 Yohanan Díaz Vargas Actualizada 15:45
 

Sé que ya está muy cerca el Día de Muertos. Sé que es la época del año propicia para ello, pero jamás hubiera esperado ser protagonista de una experiencia como esta. Y es que, estimados lectores, debo confesar que he visto un fantasma. Sí, como lo leen. 

Ocurrió el jueves 13 de octubre. Me encontraba en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a punto de tomar un vuelo con destino a Torreón, Coahuila. 

Iba a acompañar a una veintena de personas a una expedición al desierto de la Zona del Silencio. Justo cuando iba a acercarme a la puerta de embarque, una mujer de unos 55 o 60 años se acercó a hablar conmigo.

Yo, con la hora de salida del vuelo cada vez más cerca, no le presté demasiada atención, pero sí me fijé que tenía el cabello rubio, rizado, que vestía un suéter, que tenía la piel blanca y que estaba bien maquillada.

Me saludó y me dijo: “Les encargo a mi amiga Laura. Ella no ve muy bien, tiene un problema en la vista y viaja sola. Les encargo a Laura”. Yo le dije: “Sí, está bien”, dando por hecho que se trataba de una de las personas que formaban parte de la expedición.

Cuando me giré para continuar la conversación, ya no estaba. Desapareció, aquello me extrañó y decidí seguir averiguando. 

Hablé con Rocío Alvarado, gerente de la empresa Volíbolo y responsable del grupo. Le pregunté si venía alguien que se llamaba Laura y que no tuviera bien la vista, porque me preocupaba que no fuera a aguantar el viaje al desierto. Rocío me dijo que no había nadie registrado con el nombre de Laura. 

Así, ese mismo día, en la noche, al reunirme con todo el grupo en un hotel de Torreón, les expliqué lo que me había sucedido con esta señora. 

Al día siguiente, una de las mujeres que viajaba con nosotros se acercó a mí y me dijo que ella no se había registrado como Laura, pero que con este nombre la conocían solo en su círculo más cercano. Y que, efectivamente, tenía algunos problemas en la vista. Me pidió que le describiera a la mujer que había hablado conmigo. 

Lo hice, y ella me mostró una fotografía de una mujer; en la imagen vi a la señora con la que hablé.

Me dijo que falleció hace un año y que era su mejor amiga. Ambas habían sido compañeras en el área de enfermería de un hospital y su amiga, había muerto por Covid-19. Me dijo que tal y como yo la vi, con ese aspecto físico, era como había fallecido. 

A la fecha sigo impactado. ¿Por qué me eligió para que estuviera pendiente de su amiga? ¿He desarrollado algún tipo de capacidad especial que me permite ver el otro lado? ¿Por qué, si era un fantasma, era una persona de carne y hueso?

Después de esta experiencia, tengo más preguntas que respuestas. Después de esta experiencia, estoy todavía más convencido de que la muerte no es el final. De que detrás de ese sueño eterno, hay algo más.

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