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Así vive una familia contagiada por coronavirus en Edomex, uno lucha por su vida

Así vive una familia contagiada por coronavirus en Edomex, uno lucha por su vida
¿Cómo se contagió? Eduardo no lo sabe, supone que fue en una salida al mercado en Ecatepec
Tanya Guerrero
02/06/2020 - 14:12

Durante 10 días, Felipe Flores fue el paciente 20 del segundo piso del Hospital Regional de Alta Especialidad de Zumpango, en el Estado de México, un centro médico Covid.

El día que lo dieron de alta, el paciente 19 falleció y Felipe dejó atrás una habitación con tres personas que requerían más cuidados que él.

Hubo momentos en los que al hombre de 47 años le llegaba la muerte. Su familia lo sabe por los informes que su doctor les daba por teléfono todos los días.

“Su familiar está delicado, tiene una mascarilla de oxigenación asistida a 9 litros por minuto; sigue delicado, ahora tiene 10 litros, 11, 12 y así, iba subiendo”, recuerda Alex, hermano menor de Felipe. Si llegaba a 15 litros lo tendrían que intubar.

Emelania Torres, madre de Felipe, nunca dijo nada, sus ojos hinchados lo gritaban todo. Lloraba  a diario desde que sus tres hijos con los que vive, presentaron síntomas de Covid-19.

SE DESPIDIÓ

Felipe, el mayor, se despidió antes de que sus dos hermanos, también con síntomatología, lo llevaran a urgencias. “Nos dijo que si entraba al hospital, él sentía que ya no iba a salir. A mi papá le dijo: ‘me despido de ti, papá, porque ya no te voy a ver’”, cuenta Eduardo, el hermano intermedio.

Pero doña Eme no lo perdió. Desde hace ocho días, Felipe está en casa recuperándose y le aplican la técnica con la que la familia Flores Torres cree que los doctores le salvaron la vida: acostarse boca abajo de 12 a 18 horas para liberar la presión de los pulmones; además, utiliza un tanque de oxígeno cuya renta mensual es de 800 pesos, más el depósito de 2 mil 500 y la recarga de 850 cada dos días.

Cuando Alex, de 34 años, le pregunta a su hermano qué recuerda del hospital, Felipe tarda mucho en contestar. “Se la pasa acostado y sin energía; cualquier esfuerzo lo agota”. Sus hermanos creen que, además de físico, el impacto fue psicológico.

“El hecho de que ya está en casa nos tranquiliza, pero vemos que nosotros dos ya hacemos actividades y él no. El virus le pegó más fuerte”, dice Eduardo de 43 años, con quien comenzó la cadena de contagio, en la casa que comparte con sus dos hermanos y sus padres: Emelania, de 63 años, con diabetes, y Roberto Flores, de 73, con antecedentes de cáncer.

¿Cómo se contagió? Eduardo no lo sabe, supone que fue en una salida al mercado en Ecatepec, uno de los municipios con mayor índice de casos positivos en el Estado de México.

Él era el encargado de hacer las compras para la familia, hasta que el 18 de abril comenzó con fiebre y dolor muscular intenso. Desde entonces, Roberto, su padre, dejó la incredulidad sobre la existencia del virus y ahora él –armado con careta, cubrebocas y etanol– sale a hacer las compras.

Dos días después de que Eduardo manifestara síntomas, Alex empezó con fiebre. Con el virus entre sus hijos, Roberto y Emelania se aislaron en la parte alta de la casa.  

Desde ahí, la madre prepara la comida para su esposo y sus tres hijos.  Ella les grita: “¡Aquí está!” y uno de ellos, Eduardo o Alex, sube tratando de no tocar nada, más que la charola con los platos de comida, para no contagiar a los padres.

 

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