Sin desperdicio

ENTREVISTA: El músico que toca en calles de la CDMX que te impactará

(Foto: Archivo El Gráfico)
Él, italiano, decidió venirse a tierras aztecas porque su novia Matilde estudia filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México
Javier Ramírez
27/02/2017 - 14:02

Con sólo rocas, palos de madera y cubetas viejas, Enrico ha logrado sobrevivir en la Ciudad de México desde que llegó de Italia, hace seis meses.

Conseguir ese material no ha sido tarea díficil, pues se lo ha encontrado en su camino por varias calles, en las que ofrece un espectáculo músical todos los días.

Sonidos retumbantes a lo lejos advierten su presencia; sentado sobre un huacal de madera algo desvencijado, este joven sujeta dos baquetas con las que lanza firmes y constantes repiqueteos sobre un par de botes, uno de plástico y otro de metal.

Enseguida, la rápida estridencia de dos pequeñas y delgadas cajas elaboradas de polímero. Todo, coronándose con el golpeteo de un platillo de tamaño estandar, traído desde su natal Roma y que le hace recordar la época en que soñaba ser músico.

Enrico Salvatori tiene 26 años y toca desde los 15. Gracias a que un familiar le regaló una batería de juguete, y a que su hermano tres años mayor toca la guitarra y sabe de música, aprendió a temprana edad a manejar el instrumento.

Decidió venirse a tierras aztecas porque su novia Matilde estudia filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, y para traer el show polifónico que también ofrece en Europa.

Empezó a vivir con ella desde que tenía 18, dentro de una furgoneta lo suficientemente amplia y que cuando viajó a Portugal, Francia y Alemania, hace algunos años, quedó vacía.

Hijo de un obrero en una fábrica de productos químicos y de una psicóloga, tuvo que ser primero pizzero y luego panadero para solventar sus gastos.

Tocar en las calles de dos a tres horas por día le ha proveído fuertes dolores en la muñeca derecha, en los tendones. Siente cansancio y debilidad por el movimiento constante, pero le consuela ofrecer un espectáculo de calidad.

Para crear una melodía atractiva al oído, afirma, basta con el amor a la propia música, y hacerlo diferente cada día.

“Cada artista puede ofrecer lo que quiera a la gente, no pidiendo dinero, no pidiendo nada, si a alguno le gusta, puede ser un apoyo”, confiesa tranquilo.

Debido a que policías en la vía pública han perturbado su actividad, él acepta pero no se retracta. “Mejor hacerlo en clandestino”.

Su música se parece a la música que se baila y que se escucha en los antros, en los bares, en las fiestas de quince años.

Su armonía electrónica es díficil de ignorar, y eso queda demostrado con las decenas de curiosos que se acercan a ver qué pasa, qué suena, quién es.

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