Cada noviembre, el intenso color rojo de la nochebuena comienza a aparecer en mercados, viveros, plazas y hogares, anunciando la llegada de las fiestas decembrinas. Sin embargo, detrás de esta planta, que hoy es uno de los adornos más representativos de la Navidad en distintas partes del mundo, existe una historia que se remonta al México prehispánico.
Conocida científicamente como Euphorbia pulcherrima, la nochebuena es originaria de México y Centroamérica. Durante la época mexica era conocida como cuetlaxóchitl, palabra de origen náhuatl cuyo significado se ha interpretado como "flor que se marchita" o "flor de cuero", de acuerdo con distintas referencias históricas.
Su importancia iba más allá de su apariencia. Los antiguos mexicanos la cultivaban y aprovechaban sus pigmentos para teñir textiles y cueros. También tenía presencia en prácticas rituales y era valorada por sus usos tradicionales, por lo que formaba parte de la relación que las culturas mesoamericanas mantenían con las plantas de su entorno.
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Con la llegada de los españoles y durante la época colonial, la nochebuena comenzó a relacionarse con las celebraciones religiosas de diciembre. De acuerdo con información de la Secretaría de Cultura, fueron los frailes franciscanos de Taxco, Guerrero, quienes incorporaron la planta a la decoración de iglesias y nacimientos, aprovechando que su coloración coincidía con las festividades de Navidad.
Con el paso del tiempo, esta asociación se extendió y la flor adquirió un nuevo significado, hasta convertirse en uno de los elementos característicos de las celebraciones decembrinas.
Pero su historia no terminó en México. Durante el siglo XIX, la planta comenzó a ganar reconocimiento fuera del país gracias a Joel Roberts Poinsett, quien fue el primer embajador de Estados Unidos en México y tenía interés por la botánica.
Alrededor de 1828 y 1829, Poinsett llevó ejemplares de nochebuena a Estados Unidos, donde comenzaron a cultivarse y difundirse. En su honor, la planta recibió el nombre de poinsettia, denominación con la que actualmente es conocida en países de habla inglesa.
Posteriormente, su cultivo se extendió a otras regiones y horticultores desarrollaron nuevas variedades y tonalidades, que hoy incluyen colores blancos, rosas, amarillos y combinaciones jaspeadas, además del tradicional rojo.
Aunque comúnmente se habla de las flores de nochebuena, las partes rojas que llaman la atención en realidad son brácteas, es decir, hojas modificadas que rodean las pequeñas flores verdaderas, ubicadas en el centro de la planta.
Esta característica contribuye a su apariencia y explica por qué puede encontrarse en distintas tonalidades, resultado de años de cultivo y selección hortícola.
Actualmente, la nochebuena es una de las plantas ornamentales más reconocidas de la temporada navideña y representa una herencia natural y cultural de México que traspasó fronteras.
Así, cada año, cuando sus colores comienzan a llenar los espacios públicos y los hogares, también vuelve a florecer una parte de la historia mexicana que comenzó mucho antes de que la Navidad la convirtiera en su protagonista.