En muchas comunidades de México, el 1 de noviembre se recuerda a las almas de niñas y niños fallecidos, conocidos popularmente como “angelitos”.
La fecha forma parte de las tradiciones del Día de Muertos, aunque la manera de conmemorar puede cambiar entre regiones y familias.
A los “angelitos” se les dedica un espacio en la ofrenda para recibirlos de manera simbólica y recordarles con cariño. Algunas familias colocan juguetes, dulces o alimentos que disfrutaban; los elementos dependen de cada costumbre.
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La fecha también coincide con el Día de Todos los Santos, celebración católica dedicada a quienes la Iglesia considera santos. En México, ambas conmemoraciones conviven durante estas fechas.
Los “angelitos” se refiere a los niños que fallecieron, mientras que los “limbitos” son los que también fallecieron, pero sin recibir el bautizo.
Es decir, los “angelitos” son el resto de niños que sí fueron bautizados al fallecer y que tenían una edad entre 0 y 12 años.
Aunque los altares están construidos con los mismos elementos, para este 1 de noviembre considera que no deben faltar los siguientes elementos:
Toma en cuenta que lo que ponga en la ofrenda del Día de Muertos, puede variar entre cada familia, lo importante es colocarlo con amor y con mucho respeto.
Para quienes no están familiarizados con las costumbres mexicanas, el Día de Muertos puede parecer una celebración de la muerte. En realidad, es una fecha para evocar con cariño a las personas que ya partieron.
La tradición sostiene que, durante esos días, las almas de los seres queridos vuelven simbólicamente al hogar para convivir con sus familias.
Esta visión se remonta a las culturas prehispánicas, que concebían la muerte como el inicio de una nueva etapa y el comienzo del viaje al Mictlán.