Por Luis Camacho
Juan Carreón López, originario de San Salvador Huixcolotla, Puebla, mantiene viva la creación del papel picado tradicional en Chimalhuacán junto a su hijo, Iván Carreón. Este relevo generacional asegura la permanencia de una técnica artesanal que define la identidad poblana.
Huixcolotla es la cuna de este arte, y Juan creció bajo el ritmo constante del martillo sobre el plomo. Al trasladarse a Chimalhuacán, transformó la distancia en una oportunidad para preservar sus raíces. Hoy, su hijo Iván comparte el taller, aprendiendo la precisión del dibujo y la fuerza exacta del golpe a mano.
Frente a la producción masiva con láser y los productos chinos, los Carreón defienden el calado manual que distingue a Puebla. El diseño y la simetría de sus piezas conservan el misticismo original, demostrando que esta práctica no es solo un oficio, sino un patrimonio que viaja con sus creadores.
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El trabajo de este equipo familiar garantiza que la tradición no se extinga. Mientras padre e hijo compartan el banco de trabajo, el papel picado tradicional seguirá vigente, sostenido por la complicidad y el respeto a la herencia recibida.
El proceso exige una precisión milimétrica que comienza con la selección rigurosa de los colores del papel de china. Una vez elegido el tono, se acomodan los pliegos en fajos sobre una base de plomo, material que amortigua cada impacto sin dañar las herramientas. Es entonces cuando el artesano agarra el martillo y, con un golpeteo firme y rítmico sobre los cinceles de fierro, va calando las formas deseadas, transformando la fuerza del golpe en cortes finos y siluetas perfectas.
En México, el papel picado es un elemento indispensable en el altar de Día de Muertos, cuyo valor va más allá de lo decorativo. Dentro de la cosmovisión de esta festividad, sus sutiles cortes representan el paso del viento y la fragilidad de la vida, sirviendo como un canal de comunión entre el mundo de los vivos y los muertos. La permanencia de talleres familiares que resguardan su elaboración tradicional garantiza que la identidad mexicana conserve su memoria histórica y su misticismo en la celebración más emblemática del país.