“Hace como un año, año y medio cambiaron a los policías y empezaron a haber estas situaciones de pedir dinero, a extorsionar; al principio dijeron que era una ‘cooperación’ si se quería tener la protección”, narró la víctima.
Como se negaron, los afectados aseguran que el agresor –quien vive cerca de su domicilio– aprovechó para ganarse a los agentes, dándoles el dinero que ellos no entregaron.
Aunque esta situación la denunciaron al juez en las audiencias del proceso legal, quien reiteró las órdenes de protección, y acudieron con los mandos policiacos, el acoso de los uniformados se incrementó.
“Al principio los jefes muy amables, tomaron las denuncias, pero como la situación seguía igual, cada que les hablábamos para reportarlos, su respuesta se tornó cada vez más irónica”, señalaron.
La gota que derramó el vaso ocurrió el pasado 8 de febrero cuando una mujer –que obstaculizaba con su vehículo la entrada de su domicilio en la avenida Sor Juan Inés de la Cruz–, se tornó violenta al pedirle que se moviera porque iba a llegar una ambulancia por un familiar enfermo.
Ante la agresión, las víctimas pidieron apoyo de la policía, pero los uniformados llegaron en plan violento.
“Los oficiales llegaron diciendo que era la pinche chismosa, la que siempre los está acusando y reportando, y que nunca había querido dar dinero, con ese cinismo”, relataron los afectados.
Con uso desproporcional de la fuerza, al menos cuatro agentes sometieron y subieron a la víctima a una patrulla para presentarla en el Ministerio Público, donde rechazaron recibirla porque no había parte acusadora ni elementos suficientes para procesarla, entonces la llevaron al Juzgado Cívico, ubicado en la avenida Bordo de Xochiaca, donde la habrían ultrajado.
“En un cuartito que tienen ahí es donde la empiezan a orinar, se sacan el pene y la empiezan a orinar por ‘pinche chismosa’, que la van a desaparecer para que deje de estar chingando, incluso, le piden que les haga felaciones, que les pida perdón de rodillas y es cuando la comienzan a patear para que se hincara”, contó la hija de la víctima.
De acuerdo con la denuncia, asentada en la carpeta número CHA/CGO/JMA/009/049091/24/02 uno de los policías sacó una navaja y “rayó” los brazos de la mujer. Fue hasta que la hija de la detenida llegó a preguntar por ella, que los agentes la ingresaron a la galera.
Al ver que la joven comenzó a tomarles fotos, la detuvieron para que les entregara el celular y borrara las imágenes, pero ella alcanzó a mandarlas a un contacto.

Por estos hechos, que fueron certificados por una médico legista de la Fiscalía mexiquense (FGJEM), las víctimas ingresaron quejas ante el Consejo de Honor y Justicia y Asuntos Internos de la policía municipal, pero solamente lograron que dos policías fueran reubicados.
Las afectadas aseguran que los otros dos policías –uno de ellos de nombre Manuel Méndez– aún siguen cubriendo ese cuadrante y cada que les toca patrullar, las acosan con agresiones verbales, fotografías y mentadas de madre.
“En un tono muy burlón, dicen que están protegidos; el resto de sus compañeros lo minimizan y normalizan, nos han llegado a decir ‘no es para tanto, hay casos donde los dejan peor’”, relataron.
“Ahora, nos tenemos que estar cuidando del agresor y también de los policías, de por sí es complicado un proceso legal y todavía lidiar con los policías, también genera violencia”.
Las víctimas exigen la intervención de las autoridades municipales y ministeriales para que las agresiones se detengan