PREGUNTA

A mi novio le huele bastante mal el ‘nepe’, tiene un olor bastante gacho y fuerte, y por eso de plano ni me interesa hacerle oral. Siempre usamos condón para la penetración, pero me da asco el tema y miedo de que tenga una enfermedad. ¿Cómo hablo con él de esto sin herir su orgullo masculino? Dora P.

RESPUESTA

Dora, tu asco es un mecanismo de defensa natural: un olor fuerte o rancio abajo no es normal. Puede ser una infección por hongos, bacterias o acumulación de sudor y células muertas (esmegma), muy común si no se lava correctamente retrayendo el prepucio. Tienes todo el derecho de negarte al oral si la higiene no está al cien; ignorarlo solo hará que le agarres fobia a la intimidad. El consejo de oro: Para no destruirle el ego, háblalo fuera de la cama desde la salud y el cuidado mutuo. Dile con cariño: “Mi amor, he notado un olor diferente y muy fuerte últimamente ahí abajo. Me preocupa que sea una infección que nos afecte a los dos, ¿por qué no checas con un jabón neutro o vamos al médico?”. Si te da mucha pena, apliquen la de bañarse juntos antes de la acción y, jugando, ayúdalo a lavarse bien a fondo. Si después de bañarse el olor persiste a los pocos minutos, ya no es falta de agua; es una infección que requiere tratamiento de un urólogo. Cuida tu salud: tu boca no es vertedero de bacterias de nadie.

PREGUNTA

Cuando éramos novios, mi mujer usaba lencería. Pero desde que nos casamos, eso se acabó; ahora no sale de sus calzones de algodón grandes, de esos de abuelita que no provocan nada. Me confesó que solo usaba lo sexy para conquistarme, pero que le incomoda. ¿Cómo la convenzo de usar cosas más lindas sin que se enoje? César D.

RESPUESTA

En el noviazgo andamos en etapa de conquista luciendo encajes y tangas que, siendo honestos, son una tortura para el diario. Al casarse, llega la confianza y tu esposa prefirió la frescura y salud del algodón sobre las telas sintéticas que rozan e inflaman. No lo tomes como falta de interés, ella solo prioriza su comodidad en casa, aunque se vale que extrañes el gancho visual. No le critiques sus chones. Mejor platíquenlo fuera de la cama y dile: “Respeto que uses ropa cómoda, pero me fascina verte sexy. ¿Qué tal si te compro algo de seda o satén y te lo pones solo para nuestros momentos a solas? La seda y el satén son suaves, los ginecólogos los aprueban para ratos y no sacrifican su comodidad. Acompaña el detalle con un masaje y romance para que ponérselo no se sienta como una obligación, sino como la llave para consentirse mutuamente.

PREGUNTA

Tengo una debilidad tremenda por las buchonas: entre más operadas, nalgonas y con bubis grandes, mejor. Las flaquitas no me excitan. ¿Por qué tendré esta obsesión? Edgar F.

RESPUESTA

Lo tuyo no es ninguna enfermedad ni eres un bicho raro; solo tienes un mapa del deseo muy bien definido y orientado hacia la hiperfeminidad visual. Desde el punto de vista evolutivo, los hombres se sienten atraídos de forma inconsciente por las curvas pronunciadas (busto grande y caderas anchas) porque nuestro cerebro primitivo las asocia con fertilidad, salud y una alta carga de estrógenos. Sin embargo, en tu caso, esta preferencia biológica se cruzó con un factor cultural y social muy fuerte en el México actual: la narcocultura y la estética del exceso. En algunas zonas, la “buchona” se ha convertido en símbolo de estatus, poder y sensualidad. El deseo es una mezcla de biología y aprendizaje: si creciste expuesto a este ideal de belleza en redes, música y videos, tu cerebro fijó ese molde como el único estímulo capaz de encender tu libido. Disfruta tu debilidad por las curvas, pero cuando busques algo serio, asegúrate de que detrás de ese ‘look’ también haya una mujer con la que puedas platicar chido y construir una vida fuera de la cama.

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