"Mariposas" Por Lulú Petite

Ni modo corazón, no es mala onda, pero así es esto, prefiero ser clara...
Lulú Petite
30/07/2013 - 05:28

Querido Diario:

¿Así que sientes maripositas en el estómago? Toma Vermox.

Ni modo corazón, no es mala onda, pero así es esto, prefiero ser clara. No me gusta dorarle la píldora a nadie. Sé que por franca he perdido espléndidos clientes, pero así soy, ni modo. Y es que un cliente enamorado contrata muy seguido, una o dos veces por semana, si su presupuesto lo permite. Agradécemelo, porque eso, en cierto tiempo, termina dándole en la torre a las finanzas más estables.

Sinceramente, como negocio, para mí sería muy bueno, pero lo siento corazón, si no puedo corresponderte. No voy a hacerte creer otra cosa. Soy mujer de una pieza y pocas palabras, cuentas claras y cuentos cortos:

Vendo sexo y compañía, lo demás no está en venta. No es lo mío, no se me da. Lo que vendo está bajo mi ropa, lo que tengo bajo la piel es otro rollo.

Voy a serte franca: Realmente me interesa complacer a mis clientes y, durante el tiempo contratado, hago lo posible porque cada persona se sienta atendida, bien cogida y sepa que, por ese rato, es lo que más me importa. Durante cada segundo de los sesenta minutos que pagas, mi cuerpo, cabeza y habilidades están al cien por ciento dedicadas a hacer que te la pases de maravilla, pero no confundas, el amor es otra cosa, se cuece aparte, lleva otros ingredientes.

Sé que podría sacar provecho, este oficio se presta mucho a eso, pero siempre me ha parecido una vileza. En tiempos del hada conocí a colegas que hacían de eso todo un arte: les daban cuerda a sus enamorados, les dejaban creer lo que quisieran, se dejaban consentir, regalar, halagar, seducir. Después de todo si ya les diste las nalgas, ¿qué más da si también les das alas?

Yo no soy así. Si me gustaras te lo diría sin tapujos, no sería la primera vez, pero si no, ¿para qué te miento?

El sexo es sabroso. Me encanta sentir en las venas la sacudida de un orgasmo o cuando un hombre se viene cogiendo conmigo, me divierte platicar, que me haga reír, que me cuente las historias de su vida y yo le cuente de la mía. Me gusta abrazarlo, envolverlo con mis piernas o atrapar su pene apretando mi sexo cuando siento las palpitaciones de su orgasmo.

Me gusta hacer bien mi trabajo, pero lo que más me gusta es que después del sexo, tan amigos como siempre, nos vestimos, nos despedimos y a otra cosa, mariposa.

Tengo algunos clientes que, además, son mis amigos. Con ellos, además del sexo, salgo al cine, a cenar, a varias cosas, pero siempre respetando el momento y las circunstancias. Amantes, sólo somos en el motel, de la puerta para afuera solamente amigos, nada de besitos, manitas ni arrumacos. Quienes son mis amigos-clientes así lo entienden y aceptan, sin confusiones.

No quiero decir que nunca me he enamorado de un cliente. He bebido aguas de tantos sabores, que no me queda decir que de ésta no he de beber. Soy enamoradiza y de corazón querendón, ya lo he dicho, cuando una se mete a la cama con un hombre, así sea cobrándole, no puedes dejar de ponerte vulnerable, de sentir sinceras las caricias, de vivir un orgasmo, de querer más.

La carne es débil y una antojadiza. No voy a negar que en esto de caer en tentaciones, tengo vocación de clavadista olímpica. Hacerme de la boca chiquita a estas alturas sería negar mi historia. La verdad es que algunos clientes se han hecho mis amantes o mis novios. He tenido tórridos romances con hombres que conocí trabajando, los he disfrutado mucho y he ganado de cada uno de ellos experiencias formidables. Algunos han durado un buen rato, otros han sido fugaces, como un abrir y cerrar de piernas (perdón, de ojos), pero todos han sucedido porque las cosas simplemente se dieron.

Contigo no. Tú lo sabes. Nos conocimos he hicimos el amor. Sexo de paga, pero la pasamos de maravilla. Me pareciste un hombre divertido, interesante y, no he de negarlo, bueno en la cama.

La semana siguiente me volviste a llamar. Nuevamente tuvimos sexo. Tú me desnudaste, besaste mi cuerpo despacio, me abrazaste, besaste mis labios, te metiste entre mis muslos. Con paciencia hiciste que empezara a lubricar y te pidiera al oído que me hicieras tuya. Te clavaste en mí despacio y luego, con movimientos inteligentes y cadenciosos, me provocaste un orgasmo antes de vaciar el tuyo.

Todo iba maravillosamente ¿por qué entonces tenías que comenzar a hablar de amor?

No sólo eso. No me pedías, lo exigías, como si tu oferta fuera una tablita flotando a mitad del océano. Eres atractivo, tienes un buen trabajo, eres inteligente, coges bien, ¿crees que por eso tendría que decirte que sí?

Lamento si la respuesta no te gustó, pero no sentí esa chispa. Podrás pensar que soy para todos, pero no soy de nadie. Cuando llego a enamorarme, cuando la empatía, la calentura, el cariño o lo que sea, me hace sentir que quiero enamorarme de alguien, cliente o no, soy como una cachorrita que se deja querer, ni siquiera tendrías que pedirlo, pero no es el caso, lo siento. Prefiero la seguridad de todos mis clientes, que estar contigo porque piensas que es lo que más me conviene.

Así que ni modo, si de verdad sientes maripositas en la barriga, acá de cuates: Vermox.

Un beso
Lulú Petite

 
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