"Varias lenguas" Por Lulú Petite

Tiene algo de excitante entrar a un motel con una minifalda y escote provocativo y anunciarme en la recepción...
Lulú Petite
30/05/2013 - 06:26

Querido Diario:

Tiene algo de excitante entrar a un motel con una minifalda y escote provocativo y anunciarme en la recepción:

-Hola. Me esperan en la habitación 204

Antes me ponía cachonda pensar que cuando me subía al elevador, las chicas de la recepción se me quedaban viendo y pensaban o decían “Mira, tan chavita y tan putita”; no me daba pena, muy mi vida y mi historia, pero no puedo evitar imaginar qué piensan de nosotras todas esas personas que nos ven deambular por los pasillos de los moteles en donde trabajan. Los de seguridad, las de recepción, los de mantenimiento.

Ahora sé que ya la mayoría me conocen. Me han visto tanto tiempo entrar y salir de las habitaciones que, como lo he dicho antes, me siento como entre amigos, entre gente que sabe a lo que vamos y no se anda con prejuicios. Ahora, cuando mucho, siento que dicen “Mira, ahí va Lulú Petite, a echarse a otro”.

El caso es que siempre pienso en el qué dirán ¿Qué opinarán los que, sin formar parte del juego lujurioso, lo saben todo, lo ven suceder?

¿Qué pensarán, por ejemplo, quienes limpian el tiradero? Las señoras que arreglan los cuartos. Su lugar de trabajo son las habitaciones y los pasillos. Ellas revisan el escenario del crimen después de cada cogida. Por lo que dejas, pueden darse tinta de qué fue lo que hiciste. En qué lugares cogiste, cuántos condones usaste, qué tan destendida dejaste la cama. Además de lo que alcanzan a escuchar desde los pasillos o en las habitaciones contiguas. Lo que digas, lo que hagas, desde el rechinar del catre, les deja saber qué tan colgada del guayabo estabas.

A veces pienso en eso cuando estoy con algún cliente muy ruidoso. Hace poco atendí a un señor, buena onda y guapetón. Me contó que era intérprete. No le pregunté mucho qué significaba eso, pero me dio una demostración gratis cuando me estaba cogiendo. Resulta que cuando me empezó a dar, se puso a gritar, pero no sólo en español, sino en otras cinco lenguas que hablaba.

Algunas cosas las decía en griego, otras en ruso, algunas en inglés, en francés y en alemán. Yo, francamente, el único francés que domino va veinte centímetros abajo del ombligo. El problema es que no murmuraba, gritaba:

-Κοίτα όμορφη σκύλα κουτάβι σας παρακαλώ, θα θέσει όλα
- Встаньте на колени вы собираетесь сосать меня
- Je viens, je viens ... Ich komme, ich komme ... I'm coming… I'm coming…

Francamente perdí toda la inspiración. De pronto pensaba en las señoras de la limpieza que estaban en el pasillo escuchando los gritos de mi amante ¿Qué pensarían que pasaba? ¿Un exorcismo? ¿Una cumbre de Naciones Unidas?

Si yo estuviera en su lugar, no pensaría en otra cosa que desear que no dejaran mucho batidillo ¿Te imaginas? Restaurar cuarto tras cuarto después de cada brinco. Supongo que adoran a los clientes, que sólo van a dormir y alucinan a los que traen ganas de fiesta.

Yo por eso soy muy quisquillosa y trato de no hacer más desmadre del estrictamente necesario. Las veo más como compañeras de trabajo que como empleadas del motel, después de todo nos cruzamos todos los días en los pasillos, siempre son amables y nunca se han quejado de nada, así que cuando acabo de coger busco pañuelos desechables, limpio a mi cliente y me deshago del preservativo sin dejarlo botado en cualquier parte. Cuido que el trabajo que les dejemos no sea más del verdaderamente necesario.

A final de cuentas a quien se encuentran en los pasillos es a mí, la que deben ver con carita de “mira nada más, tan chiquita y tan… políglota es a mí”. Esa tarde salí del motel caminando rápido por los pasillos. No sé, temía que alguna de las señoras se fuera a despedir de mí en ruso o en griego. Una nunca sabe.

Hasta la próxima
Lulú Petite

 
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