"Charalito" Por Lulú Petite

No estoy decidida a cambiar mi rutina ni a renunciar a la libre administración de mi tiempo...
Lulú Petite
28/05/2013 - 06:33

Querido Diario:

Ok. Me hago del rogar. No estoy decidida a cambiar mi rutina ni a renunciar a la libre administración de mi tiempo, pero Mat ya quiere que comience en el trabajo que me ofreció. Ayer, después de desayunar, fui con él a la que supuestamente será mi oficina.

Ni me la creo. Nunca he trabajado en una oficina, además, es raro trabajar con quien te llevas de a piquete de ombligo. Estoy acostumbrada a verlo como mi cuate, me llevo pesado con él y hasta me lo he tirado, pero resulta que en la chamba es algo así como entre pez gordo y faraón. Onda que cuando entra todos se callan, le dicen licenciado con una solemnidad aburrida (no “gordito”, como le digo yo) y aunque no esté pidiendo algo, lo miran con timidez, como esperando instrucciones.

Él no trabaja en ese edificio, pero al parecer es importante en la empresa, porque lo conocen y lo atienden como si fuera el puto Marajá de Pocajú.

Me presentó a varias personas y, al final, me llevó al vestíbulo de un privado con dos secretarias. Me presentó con ellas y preguntó por la Licenciada Pocas Pulgas.

-No debe tardar en llegar licenciado- Respondió sonriendo la secre de más edad. Una mujer de cabello corto, pintado de rubio, entrada en años, lentes de fondo de botella y con cara de mal modosa.
-Lolita- dijo Mat -le encargo mucho a la Lic. Petite

Nunca me habían presentado como licenciada y, además, me falta el título para serlo, pero no dije nada. No iba a contradecir al Marajá delante de la tropa ¿verdad?

-La va a recibir la licenciada Pocas Pulgas- Agregó Mat -Dígale que es a quien pedí que entrevistara.

Se despidió de las tres con una formalidad que no le conocía y me dejó esperando.

En cuanto Mat se fue, Lolita puso cara de Dolores y me disparó una mirada tipo AK47, así como diciendo “ni trates de hacer conversación”. Sonreí y esperé en silencio. La otra secretaria, más joven y haciendo gesto de “no le hagas caso a la ruca” me ofreció un café o un vaso de agua. Agradecí más la solidaridad que la oferta y acepté el agua. Un poco después llegó la licenciada.

Pocas Pulgas, mi posible futura jefa, es una mujer con un carácter de los mil demonios. Buen currículum, guapa sin llegar a deslumbrante, pero acostumbrada a sobresalir en un mundo de hombres y a defenderse con todo. Es cabrona y dura de pelar. Habló conmigo diez minutos, no fue amable ni complaciente, pero creo que le caí bien. Supongo que le gustó que, a pesar de todo, no me quebrara, al final de la plática cambió el gesto de sinodal y se despidió con una sonrisa cálida.

-Nos encantará tenerte con nosotros- Me dijo antes de llamar a alguien que me explicara cómo funciona el bísnes.

Manuelito, un contador calvo y bajito, de ceja alborotada y pelos en las orejas fue el encargado de darme un rápido curso de inducción sobre lo que sería mi nuevo empleo. Me lo imaginé como cliente. A veces me imagino a la gente cogiendo para aligerar mis presiones. Estoy segura de que Manuel tiene la espalda tapizada de pelo y gime fuerte.

Lo primero que me explicó es que Mat no es jefe de Pocas Pulgas. Los dos tienen un cargo directivo del mismo nivel, y se llevan bien. También me enteré de que mi paga estaría de la fregada, es muchísimo menos de lo que gano en el talón. Ya sé que se trata de empezar y de aprender, no me la iban a dar de directora general, ¿verdad? Pero, está canijo cambiar el ritmo de gastos de la noche a la mañana.

Como que cuando te queda alguna duda o empiezas a sentirte más importante de lo que eres, el salario que te ofrecen se encarga de recordarte que eres el último eslabón de la cadena. Un charalito zambulléndose en un estanque de tiburones.

De cualquier modo, el trabajo en sí, es sencillo y prácticamente todo lo tendría que hacer fuera de la oficina, así que, mientras tenga resultados, podré seguir en el negocio del sexo sin descuidar la chamba. Toda una ejecutiva de cuenta, con sucursal en un spring air, así el salario chiquito, se compensaría con lo que me entre en el otro negocio (sin albur).

Igual no me hago a la idea y decidí posponer eso de comenzar a trabajar. Cené con Mat y platicamos largo rato. Le dio mucha risa cómo describí la experiencia con sus compañeros de trabajo y me aseguró que no volvería a saludar a Manuel igual, después de imaginar la alfombra de su espalda. Me encanta reírme con él y, no sé, hasta ganas me dieron de que me besara, pero no. Creo que es mejor así, respetando el espacio que nos estamos dando para ser amigos.

Quedé con él de pensarlo más, de organizar mis tiempos y esas cosas. Estarás de acuerdo en que no puedo cerrar la llave de mi ingreso así nomás. Ya será después, hay más tiempo que vida.

Un beso
Lulú Petite

 
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