"Lo bailado" Por Lulú Petite

Lo conocí en Twitter hace más de un año...
Lulú Petite
27/08/2013 - 06:23

Querido Diario:

Lo conocí en Twitter hace más de un año. Se llama Alex. Es de esas personas que responden a las cosas que tuiteo siempre con una frase amable. Poco a poco, en mensajes de 140 caracteres, comencé a conocerlo, a tomarle cariño, a verlo como a un amigo virtual.

Como a él, tengo en Twitter, Facebook y en otras redes, varios entrañables amigos. Algunos se han convertido en clientes y otros probablemente nunca los serán ni los conoceré en persona, pero con varios, cojamos o no, me une ya una relación de afecto.

Alex es uno de esos amigos virtuales. Francamente, pensé que nunca nos conoceríamos de verdad. Supuse que mi relación con él se limitaría a intercambiar frases y coqueteos por internet, pero ¿qué crees? Resulta que ayer se decidió a llamarme y, por fin, hoy nos vimos.

Una tarde coincidimos en twitter y chateamos por mensajes privados. Me contó que es divorciado, que le aburre la rutina, que es muy caliente, que hace mucho que no coge y que, a veces, cuando lee mis colaboraciones cierra los ojos e imagina que estamos juntos en uno de esos moteles de los que escribo. Me contó que se excitaba pensando en conocerme y que, entonces, se masturbaba pensando en mí.

-No te vayas a ofender- me escribió –pero me van a salir callos en las manos de tanto jalármela en tu honor.

-No me ofendo, es tu mano, son tus kleenex ¿yo qué?

-Es que no me canso de dedicártelas, pero muero de ganas de cumplir mi fantasía.

-Eso es muy fácil de resolver, contrátame- respondí.

-Me encantaría, pero no gano mucho.

-Sólo se vive una vez. No creo que sea bueno quedarse con las ganas de nada.

-Sí, pero… tendré que romper el cochinito.

-Sólo si te quieres dar el gusto, no quiero ser responsable de un cochinicidio.

-El gusto si me lo quiero dar, eso tenlo por seguro.

-Pues ya sabes qué hacer, acuérdate de que el dinero va y viene, pero lo bailado ya nadie te lo quita.

 Seguimos conversando otro rato, de ese y de otros temas, hasta que nos despedimos. No pensé que me llamara, pero ayer lo hizo.

 -Hola Lulú, soy Alex- Me sorprendió. Aunque siempre ha tenido mi teléfono, nunca me había llamado. Nuestras conversaciones siempre eran por twitter.

-¡Hola baby! ¿Cómo estás? ¿A qué debo el honor?

-Pues ya ves, sólo se vive una vez ¿No? ¿Podemos vernos?

Nos pusimos de acuerdo. Francamente, me excitaba la idea de conocerlo al fin, de tenerlo cerca, de hacerle el amor. Cuando has establecido con un desconocido esta clase de confianza cachonda, siempre hay algo que emociona a la hora de romper el hielo, de saber que va a tocarte, que sus labios beberán de los tuyos, que te va a coger ¡pues!

Me arreglé lo más sexy que pude y fui al motel donde me estaba esperando. Subí al elevador con una pizca de incertidumbre y otra de emoción.

Toc, toc, toc.

Llevaba un vestido negro de minifalda y zapatillas altas. Cuando abrió nos abrazamos como grandes amigos, ya sabes, de esas veces que estás con alguien a quien sientes que conoces de hace mucho. Platicamos.

Entre frase y frase comenzamos a acariciarnos, nos tiramos en la cama y nuestras manos, labios e instinto comenzaron a coordinarse. Toqué entre sus piernas y sentí su bulto completamente endurecido.

-Te voy a desnudar- Le advertí mientras comenzaba a desabotonar su camisa, besar su cuello y su pecho. Olía rico.

Le quité la ropa poco a poco hasta dejarlo en calzones, él hizo lo mismo conmigo. Nos besamos y acariciamos, lo dejé recorrer con sus labios y dedos cada rincón de piel que, hasta ahora, sólo había visto en fotografías.

Bajó despacio, metió su cabeza entre mis piernas y me colmó de besos. Su lengua, juguetona, me arrancó algunos gemidos que me obligaron a exigirle que me hiciera suya.

Se incorporó de inmediato y quedó de rodillas a mi lado, sobre la cama, con la erección tremenda apuntando hacia mi cara. No era una indirecta, pero así la entendí. Tomé un condón del buró y se lo puse con los labios. Doblándome por completo, con mis rodillas sobre el colchón y mis nalgas apuntando al techo se la chupé por un buen rato, lamiéndola de arriba abajo, succionando, devorándola toda.

Él, mientras, me acariciaba la espalda y el culo, ponía sus manos en mi nuca y gemía con un ritmo tan acelerado que me parecía que en cualquier momento podría venirse.

-Déjame ya hacerte el amor- exigió de pronto.

Me tendí de espaldas sobre la cama y recibí su beso en mis labios. Tomó su sexo, con absoluta precisión lo apuntó a mi vagina y me penetró de golpe. Ahogué un grito, dejando salir un suspiro sordo, que disfrazaba esa mezcla de placer y dolor que tienen algunas penetraciones. Entonces comenzó a moverse.

Hicimos el amor por un buen rato, después seguimos platicando. Aquellas conversaciones breves que habíamos tenido por internet fueron tomando forma y sentido como las piezas de un rompecabezas. Estuve con él más de dos horas. No sé si volvamos a vernos, sé que hizo un esfuerzo para pagarse la posibilidad de contratarme y que si vuelve a suceder no será pronto.

Me despedí con un beso y él se quedó en la habitación recostado con la mirada al techo y una sonrisa en los labios. Cuando llegué a mi casa vi en mi twitter un mensaje suyo:

-Gracias por una tarde inolvidable, ahora sí, ¿quién me quita lo bailado?

Un beso

Lulú Petite

 
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