¿Qué apuestas? Por Lulú Petite

No sé, supongo que el cuerpo sabroso y la espléndida condición física son propios de cualquier atleta, de hecho, siempre que he tenido relaciones con deportistas o con personas que se ejercitan mucho, han sido experiencias excitantes...
Lulú Petite
25/06/2013 - 07:48

Querido Diario:

Tú lo sabes. No me gusta el futbol, pero me encantan los futbolistas. No sé, supongo que el cuerpo sabroso y la espléndida condición física son propios de cualquier atleta, de hecho, siempre que he tenido relaciones con deportistas o con personas que se ejercitan mucho, han sido experiencias excitantes, ya sabes, te ponen unas cogidas maravillosas; pero con los futbolistas, no es sólo eso, hay algo extra, un pilón, una vibra.

Al menos en México, con contadas excepciones (algunos boxeadores, corredores de autos y Lorena Ochoa), los futbolistas son los deportistas mejor pagados. Además la gente los admira y reconoce. Los niños visten sus camisetas y juegan a ser ellos, a las chavas se nos van los ojos cuando los vemos en sus pantaloncitos cortos, meneando esos cuerpos esculpidos por el ejercicio y, por si fuera poco, los señores los idolatran y ponen sobre sus hombros sus propios sueños de gloria.

Los futbolistas, además, echan desmadre en grupo, son muy jóvenes, muchos de ellos solteros y sin compromiso, con más lana de la que realmente necesitan y la autoestima por los cielos ¿Qué más pueden pedir?

Cuando estás con un futbolista sientes esa vibra, esa buena onda, esas ganas de disfrutar el momento, de vivir la vida, de gozar el cuerpo, aprovechar las hormonas, de no pedir permiso ni quedarse con las ganas de nada. Saben que viven los mejores años de sus vidas y esa vibra se contagia.

En el oficio, con el paso del tiempo, desde que chambeaba con el hada hasta hoy, he atendido a algunos futbolistas. No muchos. Algunos conocidos otros o tanto, algunos que van comenzando, otros que ya vivieron sus mejores años. Con todos he sentido la energía de sus sueños de fama y fortuna, la vibra del buen momento, además de otro común denominador: ¡cogen riquísimo!

No sé si les enseñen o qué onda, no sé si parte del entrenamiento consista en dar tres vueltas a la cancha, 400 abdominales, 500 repeticiones de patitas a los hombros y 100 de chivito al precipicio, el caso es que te ponen unas cogidas que acabas con más de un orgasmo, pero sin saber si hiciste el amor o te pasó encima una manada de jabalíes. Ya te imaginarás, si pueden correr frenéticos por noventa minutos atrás de un balón, cuanto aguante tendrán, además te ponen en posiciones que te hacen descubrir articulaciones que no sabías ni que tenías. Coger con ellos es un predicamento delicioso.

El caso es que, como me gustan los futbolistas y me he tirado a varios, a veces veo futbol. No me gusta mucho el juego, pero me divierte verlos en la tele y pensar, a ese ya me lo cogí, a ese no, a ese me encantaría, ese la tiene muy grande, ese la mueve rico. Lo cierto es que no sé de futbol, pero como al final de cuentas me entero de los resultados, a veces escribo en twitter bromas sobre los partidos, de modo que hay quienes han llegado a pensar que de verdad me gusta, que soy futbolera. Nada más falso.

De hecho, ni siquiera le voy a ningún equipo. No podría, menos en un negocio en el que trato con tanto aficionado. Hay quienes se ofenden menos si les insultas a un pariente que al equipo de sus amores, a mí simplemente me parece simpático, pero no puedo sentir esa clase de apego por una camiseta. El caso es que hace unas semanas, pensando que soy futbolera me pasó algo divertido con unos clientes.

El día anterior se había jugado el partido de ida de la final del torneo de liga. Estaba en pleno romance con un cliente, cuando me dijo, entre bromeando y alardeando que para ser perfecta sólo me faltaba irle al Cruz Azul.

-¿Cómo sabes que no le voy?- Respondí.

-¿Le vas al Cruz Azul? Entonces eres perfecta- dijo

-Caray, pues no, me caen bien, pero están más salados que el mar muerto…

-¡Calla!- Me regañó -Esta vez ya somos campeones.

-¿Será?

Después de algunas bromas sobre su larga racha de mala suerte (que no he de repetir para no herir la sensibilidad de mis adorables cementeros), el cliente me apostó dos a uno a que el Cruz Azul le ganaría al América. La Máquina iba ganando en el partido de ida, así que si yo perdía, tendría que pagarle con una hora de cogérmelo gratis, en cambio si el América ganaba, él me pagaría el costo de dos horas de servicio sin coger ni una. De todos modos le dije que no.

Unas horas después, me tocó atender a un cliente americanista. Después de algunas bromas sobre el marcador global, sintió su orgullo herido y lanzó la apuesta. En su caso era uno a uno. Si ganaba el América cogíamos gratis, si ganaba el Cruz Azul, me pagaba una hora sin coger ¿Qué podía hacer? Lo más sencillo: A mí no me gustan las apuestas, pero bien podía ser la mediadora para una apuesta entre ellos.

Le llamé al cruzazulino, le platiqué del americanista y la apuesta quedó amarrada. Si ganaba el Cruz Azul, me acostaba con él conejito y me pagaba el americanista, como ganó el América, me acosté con la aguilita, palito financiado a costo doble por el fan de la máquina. Debo admitir que el partido fue muy emocionante.

Hoy el caballero águila cobró la apuesta. Fue delicioso.

Hasta el jueves

Lulú Petite

 

 
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