"Nunca es sólo sexo" Por Lulú Petite

Es normal, cuando tu negocio se trata de meterte a la cama con otro ser humano, el asunto deja de ser una simple operación mercantil
Lulú Petite
23/07/2013 - 05:52

Querido Diario:

Que me pagues no significa que no me importe. El sexo importa siempre.

Es normal, cuando tu negocio se trata de meterte a la cama con otro ser humano, el asunto deja de ser una simple operación mercantil.

La intimidad es así, no puedes besar a un hombre, clavarte en su sexo y decir que te importa un cuerno, que no sentiste nada. Al menos yo no soy de piedra, por más que trato de ser profesional, ya a la hora de colgarme del guayabo, no puedo evitar sentir, dejarme llevar. Y es que cuando te coges a un hombre, cuando lo besas, así te esté pagando y nunca antes lo hayas visto, sientes algo.

Que no involucre emociones profundas, que no haya amor, quizá ni deseo, no significa que no reconozca que estoy frente a otro ser humano. Que sus manos me tocan, que su boca me come, que escucha mi voz, que mira mi cuerpo, que huele mi piel. Que junto con sus caricias, estoy compartiendo tiempo y emociones con una persona que, como todas, tiene historias llenas de laberintos y complejidades:

Su familia, su trabajo, sus éxitos, sus broncas, sus deseos, sus frustraciones, sus fantasías, sus destrezas, ¡su vida! Un ser humano con esa infinita gama de posibilidades que pueden esconder un tesoro.

Eso importa mucho. Debo estar consiente cuando me meto en la cama con alguien, que todas esas cosas vienen con él, que no se trata de unos billetes más en mi cartera y otro hombre frente a quien he de quitarme los chones, sino de alguien que busca de mí algo por lo que me está pagando.

No sé, al menos ayudarle a pensar, por unos instantes en el placer, en lo poco que importa lo que parece grande y lo mucho que vale un momento, un buen recuerdo, un pedacito de tiempo, un orgasmo.

El sexo es maravilloso. Por eso vende. Todo lo que tiene que ver con sexo es buen negocio. Supongo que por eso tantos lo usamos como anzuelo y es materia prima de toda clase de publicidad, pero en mi caso, no es gancho ni treta de mercadotecnia, mi negocio se trata justamente de vender sexo.

Pero eso podría darlo simplemente abriendo los muslos y dejando entrar al cliente. El sexo es simple y mecánico, puede ser tan gris que basta la imaginación y tu propia mano para que te saques al chamuco, pero no, cuando te digo que el sexo vende (y que yo lo vendo), no me refiero a algo que puedas encontrar en cualquier lado, no me refiero al trivial acto fisiológico de permitirte eyacular entre mis piernas. En mi caso te ofrezco algo más, simple, pero fundamental: te ofrezco respeto.

Insisto: Que me pagues no significa que no me importe. Al contrario, porque pagas me importas. Si no fueras mi cliente no me interesaría gustarte, ni me pondría linda para ti, nos podríamos cruzar en cualquier lado y no voltearía a verte, en cambio, porque pagas, estoy pensando en cómo te la voy a chupar y en lo que voy a hacer para que tengas un orgasmo satisfactorio.

Cuando recibí tu llamada me emocioné. Si ya te conociera, iría pensando en lo que vamos a hacer, lo que te gusta o qué podemos inventar para que la pases bien. Como nunca nos hemos visto, voy pensando que puede ser la primera de muchas. Quiero complacerte y que disfrutes, por eso me puse un vestido lindo, maquillaje, zapatos altos y vine al motel. Abrí la puerta del garaje y subí los catorce escalones esperando gustarte (sí, los he contado), emocionada, con ganas de que del otro lado de la puerta haya una persona amable, con ganas de disfrutar el rato.

Afortunadamente apareciste tú, con tu carita de alegría. No pregunté, pero calculo que debes tener más de treinta y menos de cuarenta. Eres divertido y muy inteligente, tu cortesía es encantadora y la franqueza con la que sonríes, el cariño que ofreces, la forma en que te abres y tu conversación, suelta, honesta, sarcástica, graciosa, me hicieron pasar un rato maravilloso.

Naciste con una discapacidad y millones de capacidades que la mayoría no tenemos tan desarrolladas. Es impresionante cómo sin la ayuda de tus ojos, has hecho en tu vida lo que muchos, con sus sentidos a plenitud no siempre logramos. Eres feliz, autosuficiente, pleno y amoroso. Además coges riquísimo.

No eres la primera persona con capacidades diferentes que atiendo. He tenido el gusto de compartir cama, tiempo y energía con varios y ¿te digo una cosa? ¡Me encanta!

Siempre han sido experiencias maravillosas, de las que he aprendido que la voluntad mueve más que el más grande de los motores.

Repito: Que me pagues no significa que no me importe. Saber que tengo entre mis manos (y entre mis piernas) a una persona, hace la diferencia. Cuando estás consciente de eso y de que tu trabajo es hacerlo sentir bien, enseñarle el poder de una caricia, de un orgasmo, de un beso y darle una cogida como la que él siempre quiso, hace que esos minutos de compañía comprada, sean mucho más que un oficio, un acto de amor, después de todo, el sexo nunca es sólo sexo.

Espero que, como quedamos, volvamos a “vernos” pronto (conste que así dijiste tú).

Mil besos

Lulú Petite

 
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