Los fotografiaban como si estuvieran vivos

Fotografiar muertos, curioso arte del pasado

Antiguamente retratar a los muertos era un arte lleno de connotaciones simbólicas
Redacción
20/06/2016 - 06:30

Antiguamente fotografiar a los seres queridos que habían pasado a otra vida era un ritual popular. En el siglo XIX la tasa de mortalidad era mucho más alta debido a enfermedades como el tifus, la difteria y la cólera. La muerte estaba muy presente incluso en la cultura: en ese entonces la corriente artística que dominaba Europa era el Romanticismo, por lo que los sentimientos y las emociones eran enaltecidos. Muchos artistas idealizaron la muerte y el amor.

A mediados del siglo XIX la fotografía se volvió mucho más accesible, antes era sólo un privilegio del que podían gozar las personas adineradas. La idea de captar la muerte simbólicamente nació en el barroco con el tema memento mori, que significa “recuerda que morirás”. Además, a diferencia de nuestros tiempos, realizar un retrato no era cosa tan sencilla como ahora lo son los selfies; se requería cierto conocimiento. Es por eso que solo fotografiaban lo que consideraban verdaderamente importante.

Se acostumbraba que las fotografías de muertos tuvieran elementos simbólicos: relojes de mano con las manecillas indicando la hora en que murieron, una rosa apuntando hacia abajo que significaba que eran jóvenes o vestidos con las ropas de su profesión. Los retratos post mortem se pueden clasificar en tres tipos: los que en las imágenes aparecen como si estuvieran vivos, los que simulaban estar dormidos y los que que aparecían en su estado natural, ya sea en el ataúd o el lecho de muerte.

También fueron muy comunes las fotografías de niños muertos. Debido a las condiciones de salud la tasa de mortalidad infantil era mucho más elevada. Las familias acostumbraban tener entre 8 y 10 hijos, por lo que era normal que al menos uno no llegara a ser adulto. Esas fotografías de padres con sus hijos fallecidos eran el único recuerdo material que conservarían de sus criaturas. Rosas, varas de nardo y azucena eran elementos que figuraban en las fotos para representar su inocencia.

(En esta foto la niña del lado izquierdo ya no respira). 

En nuestro país a este rito se le llamó 'la muerte niña'. Juan de Dios Machain fue un fotógrafo jalisciense que recopiló más de 100 retratos de niños muertos. Por lo general trabajó en Jalisco y Oaxaca retratando a los niños de esas regiones.

(Todas las fotos fueron cortesías de Twitter y YouTube) 

Esta moda que hoy en día nos puede parecer extraña, dejó de ser algo común y pasó a convertirse en un dato muy curioso que revela la visión que nuestros antepasados tenían de la muerte... Eso que aunque pasen y pasen los años, siempre será de idéntica naturaleza y a todos nos pasará.  

 

 
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