Policía usa el box para capturar delincuentes

La agilidad que le da entrenar box, la aplica para atrapar a ladrones
20/05/2015 - 12:47

Persiguió al ladrón durante 40 minutos y de todos los policías que lo corretearon, Miguel Antonio Castillo Benítez fue el único que lo alcanzó.

Mientras rodeaba las puertas del Velódromo y a trote constante detrás del sujeto que le arrebató el celular a dos jóvenes, Miguel pensaba que el esfuerzo de levantarse temprano, darle golpes a una pera todos los días, correr con costales del mismo peso que el chaleco que porta y limitar su dieta, estaban valiendo la pena.

En la calle como en el ring, Miguel sólo lleva una cosa en la mente: Como sea y a toda costa, ganar.

Lo pensó cuando saltó las rejas del Metro para atrapar al ratero, lo pensó la primera vez que sus pies pisaron la lona.

Lleva nueve años portando el uniforme de policía segundo de la Secretaría de Seguridad Pública, los mismos que lleva de boxeador profesional sobre un ring. De todas las lecciones que este deporte le ha dejado —junto con dos o tres ganchos al hígado—  está primero, no renunciar nunca; luego, no demeritar a ningún oponente.

Una tarde del 2006, un Miguel Antonio empanzonado llegó al gimnasio.

La meta era bajar los 20 kilos de sobrepeso que “de puro power” Miguel cargó durante 12  meses.

Mal comer y estar sentado todo el día, le dejaron la capacidad de agitarse cuando se agachaba y sentirse muy pesado. El día que los pantalones no le entraron tomó la decisión.

Pero el gimnasio al que llegó, no es cualquier gimnasio. Es famoso por ser la cuna de los mejores de box de la ciudad.

“Lo que tienen los boxeadores de Tepito es hambre. Hambre de sobresalir, hambre de ser los mejores, echarle muchas ganas. Por eso, la gente del gimnasio de Bartolomé de las Casas es uno de los mejores”, afirma.

Entre diableros, comerciantes, gente de bien, ex reclusos y locos, dice Miguel que entrenó durante tres años. Pero el día que se subió al ring con los puños de la experiencia, aprendió la primera lección.

“Era un señor que ya estaba grande y pensé: ‘¿Cómo le voy a pegar?’. En una de esas me tiró un ‘jab’ y me hizo ver estrellitas. De ahí, me siguió pegando en el estómago, me conectó dos golpes más. Me dejó parado, todo en menos de un minuto”. De ahí, todo cambió. Dejó de ser confiado y de ver al rival como menos, se empeñó en entrenar hasta lograr vencer.

De este deporte completo, Miguel toma lo mejor para su carrera como policía. El ‘bending’, el ‘rolling’ y los movimientos de cabeza le dan agilidad y destreza para los momentos cruciales de salvaguardar la ciudad. Para empezar a boxear de manera profesional en las 14 peleas que lleva, tuvo que cambiarse de gimnasio, aunque el  hambre de ganar, lo ha acompañado siempre. En cada golpe, en cada ‘jab’. 

 

 

 

 
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