Pretty woman. Por Lulú Petite

Edward Lewis es guapo, soltero y multimillonario. Conduce de noche por Los Ángeles buscando desesperadamente cómo llegar a Beverly Hills
18/04/2013 - 08:30

Pretty woman

 

Querido Diario:

 

Edward Lewis es guapo, soltero y multimillonario. Conduce de noche por Los Ángeles buscando desesperadamente cómo llegar a Beverly Hills. En Hollywood boulevard -una especie de Sullivan californiano- conoce a Vivian, una joven prostituta que le ofrece, por veinte dólares, llevarlo a su destino. Luego de un rato Edward queda tan fascinado por la personalidad de Vivian que le propone quedarse con él toda una semana a cambio de tres mil dólares.

 

Al final de la película, con hado padrino disfrazado de gerente hotelero y demás utilería de cuento de hadas, el príncipe millonario rescata a la cenicienta prostituta y, con un beso azucarado Richard Gere y Julia Roberts sellan la eterna promesa de los cuentos: “Vivir felices para siempre”.

 

Hace unos días conocí a mi Richard Gere. No quiero confundirte. Ningún multimillonario me llevó a su penthouse, no pasé con él una semana, ni terminamos el trato con ofrecimientos de amor eterno. Simplemente me contrató un tipo parecidísimo a Richard Gere.

 

Blanco, de mirada expresiva, sonrisa encantadora, delgado, alto, un pene hermoso y cabellera perfecta, ligeramente adornada por unas primeras canas que lo hacen más atractivo. Un hombre impecable.

 

Es mexicano, pero vive en Mónaco. Su mamá es francesa y él se dedica a la importación de autos de lujo. Nos vimos en uno de los moteles en los que acostumbro atender a mis clientes. Nunca estoy preparada para cuando me toca atender a alguien tan guapo. Casi me voy de nalgas.

 

Le hice conversación para recuperar el aliento, pero lo que quería era comérmelo. Lo desnudé despacio, como calentando a fuego lento lo habríamos de hacer en la cama. Dejé que él también me quitara la ropa poco a poco. Dando espacio para disfrutar los besos, para tocarle la cara, para sentir sus manos en mi cintura, para acariciarle el vientre, para que me palpara los pechos y se prendiera de mis pezones disparándome el deseo. Para desabrocharle el pantalón, bajarle la cremallera, jalar su trusa y encontrar un miembro precioso. Rosita, limpio, palpitante, divino. Un pito tal como me gustan, suficientemente grande para que me llene, pero no tanto que me lastime. Me encantó chupársela.

 

Hicimos el amor espléndidamente. Yo me la pasé de lujo disfrutando su piel, sus manos, su sexo. ¡Cogía riquísimo!, cada movimiento era atinado, cada pausa, cada beso ¡Qué besos!

 

No pude evitar, al despedirnos con un beso, pensar en Julia Roberts y Richard Gere. Realmente se le parecía mucho. Recuerdo que en la película, Edward le pregunta a Vivian:

 

-¿Qué haces?

-Todo- responde ella -Pero no beso en la boca.

 

Vivian no besa en la boca porque si lo hace se enamora. Es demasiado personal, dice, implica sentimientos. Yo si beso en la boca. Muchísimas prostitutas lo hacemos y, efectivamente, es demasiado personal y a veces no es placentero, pero cuando lo es, te permite ofrecer algo más que sexo mecánico. Son tantas las cosas que una puta de verdad hace distinto a las de las películas.

 

Aun así, Vivian es la primera imagen consiente que tengo de la prostitución. Julia Roberts, parada en la calle, muy delgada, con peluca rubia, botas negras con tacón de aguja y hasta medio muslo, minifalda azul y un top blanco con el ombligo descubierto.

 

Adoré esa película. Desde luego, es un cuento de hadas escrito para gustar. Los finales felices siempre son adorables. Nunca se hizo una segunda parte de Pretty woman ¿Qué habría pasado? La película se estrenó en 1990 ¡Estarían cumpliendo 23 años juntos! Es lo bueno de que en los cuentos cada quién imagina lo que pasa después del colorín colorado.

 

La vi por primera vez en televisión, cuando todavía no sabía que terminaría uniéndome al gremio. Ahora, cuando la veo, puedo decir que si existen los Edwards. Que de vez en cuando, si estás en el lugar indicado, en el momento indicado, hay hombres deliciosos. Guapos, inteligentes, buenos en la cama y fuera de ella, que te contratan y con quienes te llevas de maravilla. También existen los millonarios y no tan millonarios que te ofrecen cambiar de vida.

 

Lo cierto también, es que besar no enamora. Enamora conocer, enamora soñar, querer creer y hacer proyectos juntos. Pero la única manera de cambiar de vida, es tomando el control de ella y cambiándola tu misma. No hay que esperar príncipes en limusina que vengan a ofrecerte un final feliz o mudarte a Nueva York, siempre que seas dueña de tus decisiones y responsable de tus alegrías, vas a ser una mujer bonita.

 

Hasta el martes

Lulú Petite

 

 
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