"En la misma calle" Por Lulú Petite

Ah sí, te decía que esa noche me mandó un mensaje de texto...
15/08/2013 - 06:00

Querido Diario:

Pues bueno, te sigo contando qué onda con Iván, mi vecino ¿En qué me quedé?

Ah sí, te decía que esa noche me mandó un mensaje de texto: “Me encantó conocerte, espero encontrarte pronto. Iván”.

Obvio se lo contesté y estuvimos intercambiando miel y bromas por unos cuarenta minutos. No me dejarás mentir, el tiempo se va volando cuando estás mensajeándote con alguien que te quieres comer. Ya sabes, entre chistes, coqueteos y cursilerías, se puede ir una tarde entera.

Al día siguiente me habló para preguntarme si tenía planes para la noche. De buena gana le habría dicho que planeaba encuerarlo despacito, pero en estas cosas es más prudente irse despacio. Era viernes y había quedado de salir con Daniela.

¿Cómo que quién es Daniela? Entonces eso tampoco lo sabías ¿verdad?, carajo gordito, esto de que te hayas ido hace que ponerte al día sea un lío. Daniela estudiaba conmigo, es muy divertida y ocurrente, además está bien buena y es bonita, seguro se te hubiera antojado. Siempre me cayó bien, pero mantuvimos distancia.

Lo gracioso es que no nos hicimos amigas porque ella se la vive de parranda y le parecía que yo era muy apretada.

Claro, de eso no me enteré hasta hace poco, cuando agarramos confianza. Si ella supiera las cosas que he vivido, sabría que su parranda más cañona, es una pijamada de niñas exploradoras en comparación con las orgifiestas que tuve que atender en tiempos del hada. Pero bueno, no tiene caso sacarla de su error. Es mejor seguir con mi camuflaje de niña buena y dejarla corromperme.

El caso es que hace unas semanas se organizó una reunión de los excompañeros de la escuela y, lo que no pasó cuando estudiábamos juntas, pasó esa noche. Platicamos horas. Casi nos amanecimos en el cotorreo: bromas, chupe, conversación, confidencias, risas y, claro, nos hicimos amigas.

Desde entonces he salido varias veces con ella. Es noviera, desmadorsa, bien pedota y le gusta disfrutar a plenitud de la vida. No tiene complejos y coge con quien se le da la gana, le encanta el sexo y lo disfruta cuando quiere y con quien quiere, sin simulaciones ni doble moral, me gusta su estilo. Te habría encantado conocerla, tiene la filosofía de no perder oportunidad alguna para pasarla bien.

Claro, como te dije, no sabe a lo que me dedico y, con lo suelta que tiene la lengua, no tengo la intención de contárselo, a fin de cuentas, algo que me gusta de ella es que con lo alocada que es, yo termino pareciendo la niña buena, la bien portada, la prudente.

Ya ves, esto de la putería, aunque sea mi oficio, nunca lo confundo con mi vida cotidiana. Fuera de los moteles, soy de lo más convencional; tan discreta y bien portada que es difícil sospechar la naturaleza de mi doble vida (O eso quiero creer).

Pero ya se me están yendo las cabras al monte y tú que no me dices nada. Te contaba de Iván, el vecino.

Te decía que me habló para preguntarme si tenía planes. Era viernes y había quedado de salir con Daniela, así que lo invité.

Nos encontramos en el antro. Yo iba con Daniela y él llevó a Manuel, un amigo de su chamba. Manuel está guapo y es divertido, así que Daniela quedó encantada.

Todo habría sido perfecto, de no ser porque en el antro me topé con un cliente. Es un hombre complicado. Lo atiendo desde hace varios años y, aunque es buena persona, me choca cuando me llama. Tiene un serio problema: Su aliento es insoportable. Hacerle el amor es un sufrimiento, francamente le urge visitar a un dentista o, al menos, una farmacia, no sé, comprar una dotación de Colgate, Listerine, hilo dental, o tal vez drano. El caso es que allí estaba, recordándome, aún con mi discreción, lo frágil que es mi doble vida. Tragué saliva.

Afortunadamente no me vio o, como a mí, tampoco le convenía saludarme. Estuve nerviosa, pero igual pasé una buena noche. Cuando nos despedimos, la caliente de Daniela se fue a coger con Manuel y yo tuve que llevar a Iván a su casa, pues había llegado en el coche de su amigo.

–Ustedes viven en la misma calle amiga, vas para allá. Dale un aventón a Iván- Me pidió Daniela cerrándome un ojo como para darme a entender no sé qué cosa.

Me estacioné frente a su depa y seguimos platicando unos minutos. No sabía si me invitaría a pasar ni si yo aceptaría. Ganas de cogérmelo no me faltaban, pero prefería seguir cocinando esto a fuego lento.

De pronto me tomó de la muñeca y, despidiéndose, me dio en los labios uno de esos besos breves y fulminantes que te hacen volar mariposas por las venas.

-Te llamo mañana ¿va?, la pasé de maravilla- se despidió.

Y llamó… y salimos de nuevo… y cogimos, claro… Pero de eso mejor te cuento el martes ¿va?

Hasta entonces, un beso

Lulú Petite

 
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